Marea negra, tinta negra

OPINIÓN

07 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL CONSELLEIRO de Pesca lo supo desde la madrugada en que lo sacaron de la cama para informarle del accidente del Prestige . Adelantando cual iba a ser su decidida actitud a lo largo de la crisis que parecía avecinarse, tan distinta de la de la mayoría de sus compañeros de naufragio (¡y qué naufragio el de la Xunta!), el conselleiro reunió a sus directores generales y les espetó a las 8.30 del día 14 de noviembre: «Niños, ¡vamos a tener una marea negra del copón de la baraja!». Y a partir de ahí, chubasquero y botas altas, se puso a trabajar. Otros compañeros suyos, de la Xunta y del Gobierno, se pusieron también manos a la obra, aunque con un objetivo diferente: tratar de convencernos de que no íbamos a tener una marea negra del copón, sino algo que ni siquiera podría llamarse propiamente marea negra: todo lo más, manchas aisladas. Y así pasaron los dos primeros días: con el delegado del Gobierno informando de lo lejos que el Prestige estaba de la costa y los vecinos de Muxía y de Fisterra viendo desde sus casas el barco varado en medio de un mar de chapapote. De hecho, ese descabellado intento de engañar a una opinión pública dispuesta, por asustada, a creerse antes las buenas noticias que las malas, hubiera quizá triunfado de no haber sido por el muro de papel de los periódicos. Porque ha sido otra vez la prensa la que ha dado la razón a Thomas Jefferson cuando decía que, puesto a elegir entre un gobierno sin prensa y prensa sin gobierno, optaba con claridad por lo segundo. En realidad, durante los primeros días de esta crisis, ya de envergadura apocalíptica, en Galicia hubo prensa y no gobierno, y es incluso posible proclamar que ha llegado finalmente a haber gobierno (autonómico y central), entre otras cosas, por la presión incansable de la prensa para que aquéllos admitiesen la verdad. Han pasado 25 días desde que, tras el accidente del Prestige , comenzara una marea catastrófica que ha sido combatida también, modestamente, con otra hecha con dedicación y oficio: la de tinta negra con que se escriben los periódicos. Éste, sin ir más lejos, ha dedicado desde entonces al asunto 328 páginas, repletas de información veraz, plural y responsable. Yo me he tomado el trabajo de contarlas. Sin ellas, y sin todas las que los demás medios han publicado en estos días, nada hubiera sido igual en el desarrollo de este monumental desaguisado. Por eso hoy, cuando la sociedad civil está dando a la sociedad política una lección inolvidable, es de justicia reconocer la parte que corresponde en el lanzamiento de ese impulso a todos los periodistas que se han dedicado sencillamente a hacer honestamente su trabajo.