Bienvenido, señor

| ENRIQUE CURIEL |

OPINIÓN

28 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL ANUNCIO de la visita del Rey a Galicia el próximo lunes nos reconcilia con las instituciones. Una vez más, el comportamiento de Juan Carlos de Borbón, su sensibilidad política, su proximidad con la opinión pública en circunstancias difíciles, nos gana a muchos, que, no siendo monárquicos, deseamos poner de relieve el complejo y positivo papel político jugado por el Rey. No deseo introducir cuñas entre la actitud del Rey y el comportamiento del Gobierno, pero su presencia suple carencias evidentes del Ejecutivo y de la Xunta. La situación es muy grave. Es posible que lo peor todavía no haya pasado y la sociedad gallega tiene que activar todos los recursos políticos y humanos para hacer frente a una catástrofe sin precedentes. Si se confirma que la mancha de 11.000 toneladas de fuel se aproxima a la costa como consecuencia de la orientación y fuerza de los vientos, nos encontraremos ante una auténtica emergencia. Y ésta es la prioridad absoluta. En las próximas horas, y con independencia de la exigencia de responsabilidades que se efectúe en su momento, el presidente de la Xunta debería de convocar a los líderes de las fuerzas políticas de la oposición, Xosé Manuel Beiras y Emilio Pérez Touriño, para acordar planes de actuación, para unir las fuerzas y para exigir los apoyos necesarios para atenuar la crisis. Galicia requerirá ayuda durante mucho tiempo si queremos evitar que una nueva marea, la del abandono, se sume a la provocada por el maldito Prestige . El presidente del Gobierno debería de comprender que su tarea, ahora, es acudir en apoyo personal y político de ese pacto por Galicia. No tiene razón al acusar a la oposición de carroñera o de pretender fotografiarse para ganar votos. Lo cierto es que la reacción de sus propios ministros resultó tardía y equivocada al pretender disminuir el impacto real de la crisis para evitar unas indeseables repercusiones políticas para su Gobierno y su partido. Es más, gracias a la reacción de la oposición política en Galicia, de los sectores sociales afectados, y de universidades, ayuntamientos, cofradías y medios de comunicación gallegos, se pudo reclamar la atención de los responsables políticos estatales. Hay cosas por hacer. Pondré un ejemplo. La Comisión Europea ha hecho saber que está dispuesta a ayudar e inyectar varios millones de euros. Pero se precisa la petición de España para activar los mecanismos. El llamado «fondo de solidaridad», que se utilizó para ayudar a Alemania tras las inundaciones, está pensado también para desastres ecológicos. Además, fondos asignados a España para infraestructuras pueden ser asignados a las costas gallegas. ¿Por qué Madrid no ha pedido la utilización de los fondos?