La entropía aumenta

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

LA ENTROPÍA, el desorden, están aumentando. O al menos esa es la sensación que tenemos gran parte de la ciudadanía relegada al simple papel de sufridora, espectadora o comparsa salvo en pagar los gastos de la función muchas veces cómica, otras, como en el caso de la marea negra, más bien trágica. La percepción creciente es que las instituciones españolas van renqueando en el día a día, sin planificación estratégica que tenga identificadas las principales amenazas ni oportunidades de desarrollo, puntos fuertes y débiles, estrategias de actuación para casos de crisis sea la invasión de Perejil, la inmigración clandestina, el secesionismo nacionalista o los desastres ecológicos, lo que hace que ante cualquier crisis que «ahora toca» aunque el jefe sostenga lo contrario, muestren sus vergüenzas: Cuando no es el derrape de los basureros, son los eruptos de los digestores, el entierro sin funeral de vacas locas, o las dioxinas ecológicas de Sogama. Y digo oportunidades y no oportunismo, pues desgraciadamente éste no falta, ni el peloteo de responsabilidades tampoco: los traspasos de competencias entre gobierno central, autonómico y ayuntamientos, pagados todos ellos por el sufrido único pueblo español, se convierten así en un traslado de incompetencias. Un arbitrista jacobino diría que con lo que le cuesta al ciudadano sostener los fastos del Horreo, Rajoy y San Caetano bien pudieran comprarse barreras de protección, habilitar remolcadores más potentes, vigilar el tráfico, eliminar peajes, construir infraestructuras útiles o hacer la reforma agraria, por ejemplo. ¿Quién es más inoperante, Matas o Del Álamo? Uno se dedica a evitar al Tribunal Supremo. Otro a reciclar el Icona. Una de las cosas que quedan claras en esta crisis es que la Consellería de Medio Ambiente está mal concebida como una segregación de Agricultura, en vez de operar con carácter interdisciplinar.