MIENTRAS los principales medios de comunicación del mundo se muestran espantados por la pesadilla del Prestige , nuestras autoridades, atrapadas por el pánico, están siendo incapaces de comprender el alcance de la emergencia en la que se debate nuestra tierra. Galicia vuelve a sufrir la maldición de la improvisación, la desidia, el abandono, la incompetencia y la ausencia de talla política de sus responsables públicos. Los intentos de los primeros días para ofrecer un perfil bajo en la tramitación de la crisis, y orientar el conflicto hacia la siempre eficaz regañina con Londres y Gibraltar, han resultado insuficientes ante el tamaño del desastre. Se intentaron limitar los daños políticos, y se ha perdido un tiempo precioso para adoptar decisiones coordinadas con Bruselas y con otros países atlánticos que anunciaron su disposición para atender las peticiones del Gobierno español y enviar buques anticontaminación para frenar la expansión del crudo. Ha sido más enérgica la reacción del presidente de la República Francesa, Jacques Chirac, que la de nuestro Gobierno. Pero ya llegará el momento de exigir responsabilidades políticas por el atasco de la Xunta -¿dónde estaba Manuel Fraga?, ¿y Aznar?-, y del Gobierno central. Lo importante ahora es concentrar los esfuerzos de todas las administraciones para limitar los impactos medioambientales, económicos y sociales de una situación que exige la inmediata prohibición de circulación de buques de casco simple por los mares y los puertos de Europa. La existencia de un mar sin leyes, repleto de ilegalidades y de corrupción, lo pagamos a un alto precio en Galicia y en otros países. Además, todavía no sabemos cómo puede evolucionar la situación de los restos del Prestige y existe un peligro potencial de que el combustible acabe aflorando en la superficie. Es urgente la elaboración de un plan de emergencia con una financiación suficiente y concertada entre la Comisión Europea, Madrid y la Xunta, para hacer frente a la catástrofe. Cuando se produjeron en Alemania, Austria, y otros países centroeuropeos, las inundaciones del verano pasado, el canciller Schröder reclamó la ayuda inmediata de la Unión Europea para habilitar fondos e iniciar cuanto antes la reconstrucción y la ayuda a las víctimas. Romano Prodi debería venir a Galicia y comprobar el alcance del desastre. ¿Es tan difícil?. Afortunadamente en Galicia no tenemos que lamentar víctimas directas, pero el impacto económico, ecológico y su duración requieren decisiones urgentes. Muchas de nuestras empresas medianas y pequeñas del sector pueden desaparecer. Es preciso prever lo que pueda ocurrir durante el próximo fin de semana y disponer de medios para defender nuestras playas de la marea negra.