NO HAY duda de que ha empezado una nueva economía del espectáculo con la presencia masiva de la tele-realidad en nuestras vidas. Esta nueva fórmula televisiva ha cambiado, con sus emisiones, el paisaje audiovisual en España, en Francia, en Estados Unidos, en todas partes. Con una característica fácilmente pronosticable: lo de ahora no es nada al lado de lo que viene. La nueva fábrica de ídolos no conoce límites ni los admite. Ha creado de la nada, y de la noche a la mañana, a Bisbal o a Chenoa como referentes musicales de un público de masas, y esto no es más que el principio. Las cadenas están dispuestas a descubrir y comercializar todo aquello que pueda convertirse en dinero, con múltiples productos de acompañamiento, es decir, con todos los que admita el mercado, desde vestidos, revistas, joyas o perfumes hasta grabaciones en CD o DVD. La televisión da así un paso de gigante, más allá de su vieja condición difusora. Ahora es también, y cada día más, productora y agente de artistas que ella misma crea, comercializadora de productos añadidos y diseñadora de nuevos espacios para la ampliación del negocio. ¡Prepárense! La que viene es gorda... y tele-real.