BENIGNO PRADO
17 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.TODAS las especulaciones y comprobaciones empíricas en los casos ya crónicos de catástrofes ecológicas, sobre todo cerca de las costas gallegas, carecen del mínimo rigor histórico y respeto a la tradición ancestral. ¿Qué tienen en común, al margen de la carga de petróleo, los naufragios del Urquiola , el Casón , el Aegean Sea , el Prestige ? En lo referente a Galicia -no podemos precisar respecto de otras latitudes- ciertamente planea sobre nuestras aguas un tifón inequívoco de tragedia, y de tragedia sólo se puede hablar con propiedad cuando no hay salida y toda rebeldía es inútil contra la sangrienta huella, rúbrica del fátum. Por ejemplo el capitán del Prestige -irónico nombre, por cierto- ser griego y el buque de bandera de conveniencia panameña. Pero para nosotros todo resulta, en el fondo, mucho más claro y estremecedor, incluso en esta época de escepticismos erigidos en dogma. Sin duda ustedes han oído hablar alguna vez del Barco del Holandés, el Holandés Errante , fantasmagórico navío que, más veloz que el viento, siembra la muerte en sus periplos por los siete mares. ¿Dónde podría el capitán precito haber vendido su alma al Diablo sino en la Costa da Morte? Por eso vuelve y vuelve.