Las IRAS de octubre

JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ

OPINIÓN

09 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

POR MUCHO que haga a un lado a la femenina ira -y no es discriminación de sexo-, a esa violenta pasión del alma, tengo en mi retina de niño la escena de la expulsión del los mercaderes del templo por el Hijo de Dios, y a latigazos, unida a la ira divina de la Naturaleza rebelándose cuando expiraba crucificado en lo alto del Gólgota. Terrible. Luego, en un gran salto, me acuerdo de aquella Libertad sin ira que cantábamos en los tiempos de UCD, en los que la consigna era no hacer sangre, que, obviamente, la oposición entendió como temor del Gobierno a no ser aceptados como demócratas quienes estaban inventando un primer edificio, con la complacencia de los españoles, de un nuevo régimen: sin ira. Había que decir algo distinto y se logró acuñando el sin acritud. Claro que, aunque con el rechazo más que mayoritario del pueblo, habían visto los cuernos de la ira en un febrero en que un puñado de guardias civiles al mando de un jefe con los bigotes y pistola más televisados hasta aquella fecha: eso sí era miedo... Pero con ser la Tejerada uno de los mayores dislates políticos amén de una traición a sus obligaciones y deberes con la Patria -grave delito históricamente reservado en exclusiva a los perdedores-, no hubo sangre alguna. Contemplando otras formas de secuestrar uno da gracias por haber nacido en un país como el que todavía tenemos. Volviendo a los iras, el irlandés vuelve a estar de moda, provocando medidas gubernamentales excepcionales, y es que ni el IRA quiere desaparecer ni la ira parece remitir en este conflicto, en el que el nacionalismo vasco fundamentalista tanto se contempla. Es una pista que no debe desecharse aún. Quizás ahora vulnere alguna de las normas de nuestro libro de estilo, cuyo mayor peso le tocó llevar a uno de los Pacos, y también parezca que desoigo las recomendaciones recientísimas de mi amigo Paco desde la veterana columna del Sol a Sol, que me tocó visitar en tiempos, ensalzaba la pulcritud de la palabra que García de la Concha defendía contra frívolas agresiones en la notable lección -en toda la extensión de esta bella palabra- que pronunció en la entrega de títulos del Máster de Periodismo de La Voz. Pero... Los otros dos masculinos serían Iraq -prefiero la qu que la k , que me recuerda el plan de euskerización peneuvista- e Irán, la histórica Persia, la de los cuentos de Bagdad, la de las mil y una noches, la del caviar gris de gordo grano. La visita del presidente de su actual gobierno ha levantado una polvareda que, como poco, a mí me ha parecido y me parece extemporánea. Estoy todavía flipado de la cantidad y variedad de inventos argumentales, cuando no falaces, que se han puesto en juego. No digo que la presencia de Jatamí y su cohorte sea baladí; pero, una de tres: o es la consecuencia de una cicatera visión histórica y cultural de la civilización de la media luna, o algo oculto, de lo que se terminará hablando, esconde este viaje. La tercera es la propia del período preelectoral. Como tiempo habrá otro día reflexionaremos sobre este violento ataque de protocolitis. El funcionario Valderrama -¿de carrera?- se ha salido intencionadamente del silencio debido a su quehacer e incumpliendo las elementales obligaciones juradas: de obligado cumplimiento-, creyó que sería la estrella politiquilla del mes, y en pocas horas se ha estrellado. Y que dé gracias a Alá por ocurrírsele este disparate siendo encargado de negocios de España en Irán, porque de haber sido al revés no hubiese volado su cabeza -cese fulminante- administrativamente, sino con pérdida de sueldo, empleo y constantes vitales, pues no veo yo al demócrata Sadam aplicando la ley de Funcionarios Iraquí -que dudo hasta de su existencia- a un perjuro cercano a la traición. Por cierto que el funcionario Valderrama tiene en su partida de nacimiento un nacido en Tánger, y se dice, en alabanza a su progenitor, que es o ha sido un gran arabista. Lo ignoro. Pero, qué paradojas...