Turquía

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

27 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

TURQUÍA es la asignatura pendiente de la ampliación de la UE. Son razonables los argumentos exigentes de democratización de un contexto todavía irredento en los derechos de las mujeres, la vigencia de la pena de muerte o la persecución de los kurdos. Y lo son también las que afectan a una situación económica difícilmente homologable a los parámetros de los países occidentales europeos. Pero Europa no es sólo eso, sino una vitalidad de cultura múltiple secularmente fundada en la convivencia, la pelea, el conflicto y otra vez la inevitable coexistencia y necesaria fusión. No cabe la pureza cultural ni siquiera religiosa. Ni los Balcanes, ni Turquía, ni Chipre, ni Rumanía o Bulgaria están libres de inficiones de esta naturaleza. Europa ha de fijar un límite territorial a su expansión si no quiere ser un simple espacio económico. Pero la verdadera unión identitaria ha de ser consciente de su historia en las tierras de transición y asimilarlas por encima de dogmatismos y de diferencias. No otra cosa es la Cultura.