Madariaga

La Voz

OPINIÓN

BENIGNO PRADO

21 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

EN una pausa de la jornada en torno de la Herencia de Madariaga paseo por los claustros esplendorosos del Hostal de los Reyes Católicos. De pronto descubro junto a un capitel el perfil aquilino de don Salvador. Luego el autor de Bosquejo de Europa se ajusta las gafas con el pulgar y el índice. Asombroso parecido. -¿Es usted pariente de don Salvador de Madariaga? -No, joven -me dice imperturbable-. Soy Madariaga. -No puede ser -protesto. -Como quiera, pero, ya ve, sólo me queda el pensamiento, lejos de la acción y la pasión. -O sea que se ha vuelto usted todavía más francés. -Normal cuando a uno no le dejan sino la contemplación. -No sé si sufro una alucinación o veo satisfecho un viejo deseo, pero prefiero aceptarlo. Bien, don Salvador, ¿qué le parecieron las ponencias? -Se lo agradezco a ustedes muchísimo. No obstante creo que no aciertan al imaginar qué pensaría yo hoy de la UE. -Claro, es muy difícil adivinarlo. Usted está muerto. -Y sin embargo deberían haber comprendido, a propósito del nombre de esa unión, que yo sólo me inclinaría por uno. -¿Estados Unidos de Europa? _América, para los americanos. Confederación Europea.