«CADA AÑO habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño». George Orwell, en su famosa novela 1984 , describe un mundo gobernado por el poder absoluto del partido de El Gran Hermano, representado por un gigantesco rostro con bigote negro. (¿Profetizaba Orwell la imagen del dictador Sadam Husein?). Afortunadamente, la profecía orwelliana no se cumplió en la fecha prevista en la ficción ni tampoco 18 años más tarde la hegemonía del «poder sobre el poder de los seres humanos» se ha impuesto de manera flagrante -aunque hay numerosos intentos- y la libertad no es la esclavitud ni la guerra es la paz, que imponía, como pensamiento único e indiscutible, el gobierno de El Gran Hermano en ese imaginario macropaís llamado Oceanía. La ignorancia es la fuerza es la tercera consigna del utópico gobierno de El Gran Hermano. En este punto, la ficción y la realidad tienden a confundirse, porque el poder sobre los seres humanos empieza por una educación para la ignorancia . A mayor ignorancia, más poder, más impunidad. Cuando la sociedad renuncia a los valores consustanciales de su condición humana y se deja llevar por la comodidad de no pensar, instalándose ante el televisor, activando el mando a distancia hasta dar con un programa que, como anticipaba Orwell, se llama, precisamente, Gran Hermano . Cuando una gran mayoría se abandona en la pereza mental y admite como incentivo de ocio las vulgares aventuras de unos personajes enjaulados, expuestos a la morbosa curiosidad pública, esa tercera consigna del totalitarismo, la ignorancia es la fuerza , ya está instalada en nuestras casas. A partir de ese momento, el observador aún no contaminado contempla las ramificaciones de este fenómeno de degradación y comprueba que el radio de acción de las conciencias es cada vez más pequeño y que está degenerando a zancadas el fluido de la palabra con la que los seres humanos aún nos entendemos. Syme, un personaje de la novela, le pregunta a Winston, el protagonista: «¿No se te ha ocurrido pensar que lo más tarde hacia el año 2050, ni un solo ser humano podrá entender una conversación como ésta que ahora mantenemos?». Esta pregunta es una profecía con fecha, mucho más verosímil que el conjunto de la ficción orwelliana, porque ya se está sembrando con éxito creciente una jerga sincopada del idioma entre las nuevas generaciones. La palabra ya no es un medio inteligente consustancial de la persona, sino un mero instrumento para decirse cosas muy elementales. De seguir así, para ese año 50 las gentes se comunicarán por gruñidos... o por telepatía. Para entonces, los promotores de la quincuagésima edición de Gran Hermano dirán, como el de la ficción, que la ignorancia es su fuerza...