¡Brasil!, ¡Brasil!

ENRIQUE CURIEL

OPINIÓN

EL ÚLTIMO debate electoral, antes de que se abran hoy las urnas en Brasil, se programó por TV Globo a continuación de la telenovela Esperanza , que causa estragos en muchos países americanos. No sabemos si existe alguna relación entre el título de la lacrimógena telenovela y las aspiraciones de millones de brasileños que han sido marginados y excluidos durante generaciones de la gobernación y de las riquezas de su país por una de las oligarquías más brutales y violentas de América Latina. El 1% de la población posee casi el 15% de la riqueza nacional, al tiempo que más de la mitad de los brasileños viven por debajo del umbral de pobreza. Dictaduras militares, golpes de Estado y escuadrones de la muerte financiados por los grandes propietarios de la tierra, sembraron la historia brasileña de dramatismo durante las décadas de los años sesenta y setenta. Ahora, Luis Inácio Lula da Silva, Lula, representa y simboliza esa esperanza de un cambio histórico no exento de riesgos y dificultades. La probable victoria de Lula en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, significa, también, el triunfo de un viaje ideológico y personal desde un marxismo tradicional, como ex-dirigente sindical y líder del Partido de los Trabajadores (PT), hacia un «reformismo fuerte» que le permita representar a una amplia y compleja alianza social. Lula quiere agregar a ese bloque las aspiraciones de sectores del centro político frustrados por la experiencia de la presidencia de Henrique Cardoso. Pero Lula no viaja hacia el neoliberalismo. Pretende cambios que el PT ya ha comenzado a desarrollar en grandes municipios y Estados. Ha tenido que superar durante los últimos meses los intentos de desestabilización financiera de la moneda nacional, y la caída de las inversiones extranjeras, alentadas por los círculos más conservadores. El panorama no es sencillo. Con 12 millones de parados y la moneda devaluada en un 60 por ciento, tendrá que reanimar la economía y ofrecer confianza a los mismos que han especulado contra su país. El margen de maniobra es estrecho porque tendrá que hacer frente a los compromisos contraídos por Cardoso con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por un importe de 30.000 millones de dólares, y mantener, al tiempo, el equilibrio presupuestario lo que le impide apoyarse en un excesivo déficit. Quiere impulsar una reforma agraria moderna como condición para liberar fuerzas en una economía muy potente. Aunque la economía se ha reactivado muy ligeramente el peso de la crisis argentina ha de tenerse en cuenta. Pero nadie le robará la esperanza a los amigos brasileños.