Todo es nuevo en Finisterre

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

EN UN ALARDE de originalidad, en el marco de su reciente visita a Ferrol, el ministro e ingeniero Álvarez Cascos acaba de descubrir que los grandes puertos del futuro serán intermodales, con conexiones a las redes de autopistas y a las modernas líneas de ferrocarril. Lo que no dijo, en cambio, es que tan brillante idea, mutatis mutandis , ya era obvia en tiempos del censor Apio Claudio (312 a. C.), cuando se construyó la famosa Vía Apia, que unía Roma con el puerto de Brindisi. Desde entonces, y hasta hoy, no se conoce ningún puerto importante que, en el contexto de las comunicaciones de cada país y cada época, no haya partido de la idea de que el puerto está hecho para comerciar, y que, antes que sacrificar su accesibilidad por tierra, hay que relativizar, si es preciso, sus ventajas en la mar. Por eso concluyo que la originalidad de Álvarez Cascos no estuvo en decirnos lo que todo el mundo sabe, sino en descubrirnos a los atónitos gallegos que las obras del puerto exterior de Ferrol se iniciaron antes de tener estudiadas y programadas sus conexiones con la red de autovías y ferrocarriles, y que, si bien es posible que el transporte rodado acceda a Prioriño hacia el año 2006, nadie sabe cuándo y cómo va a llegar el tren, ni cómo se va a hacer competitiva una instalación que, situada en la periferia de la periferia, va a iniciar el año 2006 con el mismo argumento que dominaba en Vigo, Gijon, A Coruña, Santander y Porto en el año del Señor de 1870: luchando por el ferrocarril. Por eso, y para saber cómo nos tratan, les voy a recordar los milagros que Álvarez Cascos va a hacer en Galicia, por mediación de Fraga, en la próxima década. Terminar la Autopista del Atlántico, de unos 200 kilómetros, iniciada en tiempos de Franco. Inaugurar varias veces la autovía de peaje Santiago-Ourense, de titularidad del Estado, y que los gallegos vamos a pagar. Bautizar con nombres psicodélicos -VA, tren-bala y cosas así- al ferrocarril vigesimalino que, para sustituir al decimonónico, nos van a construir en el siglo XXI. Hacer un ramal ferroviario a Prioriño, por donde se pueda y cuando Dios quiera. Avanzar, siempre en Asturias, la Autovía del Cantábrico. E invertir en Galicia menos que en todas las regiones vecinas. También se van a seguir estudiando eternamente los accesos a Alvedro y Lavacolla, los viales periféricos de Vigo, la travesía de San Lázaro y otras pequeñeces por el estilo, con vistas a una nueva tanda de regalos posterior a 2010. Porque a nosotros, en vez de gobernarnos como a todo el mundo, sólo nos hacen favores. Y porque, si hemos optado por encomendarnos a un Gobierno amigo, también tenemos que saber que donde hay confianza da asco.