NO HAY NADA que no pueda ser empeorado. Si ayer era grave lo que habían hecho el Gobierno y Parlamento vasco, lo agravaron todos los que hicieron alguna declaración pública. O, por ser más exactos, le dieron más emoción. El señor Atutxa anunció que piensa otra querella contra Garzón, esta vez por usurpación de funciones. Arzalluz sugiere que recurrirán «al pueblo». Desde Madrid, el presidente del Poder Judicial transmitió su opinión de que lo ocurrido en el Parlamento puede ser un delito de desobediencia a un juez. Ahora sí que están todos los frentes en ebullición. Y todo resulta altamente intrigante. Para empezar, me quita el sueño pensar cómo retorcerán las cosas Atutxa y sus equipos para que una decisión judicial sobre Batasuna parezca una intromisión en el Reglamento de la Cámara. Y eso es lo que pretende demostrar la futura querella. Estén atentos, historiadores y eruditos, porque nos van a dar una de las mayores lecciones de manipulación de toda la historia parlamentaria. Apasiona imaginar las consecuencias de que el Parlamento vasco haya cometido un delito, que sugiere el presidente del Supremo. ¿Veremos que se sienta en el banquillo a una institución? ¿Habrá que meter en la cárcel a todos los parlamentarios que votaron desobedecer a Garzón? ¿O se personificará la responsabilidad en el presidente Atutxa? Y todavía se puede hacer más esperpéntico: si hay iniciativa de procesamiento, ¿tendrán que votar los diputados nacionalistas su propio suplicatorio? Acongojante. Y dejo para el final lo de Arzalluz. Lo de convocar al pueblo, dicho en el clima vasco de hoy, suena a llamada a sublevación; a toma de palacios de invierno; a enfrentar a manifestantes con la Justicia; a incitación con pancartas que podrían decir: «El pueblo vasco contra jueces invasores». ¿Lo llegaremos a ver? Después de lo ya visto, hay que convenir que todo es posible. No hay nada que no pueda empeorar.