UNA SERIE de crímenes recientemente cometidos por adolescentes en Francia vuelve a traer a la actualidad el tema clásico de la relación entre televisión y violencia. Primero fue, cerca de Besançon, el caso de dos chicas de 13 y 14 años, hijas de familias de clase media, que secuestraron a otra adolescente, compañera de colegio, la encerraron en los sótanos de un edificio abandonado, la torturaron, le tajaron el rostro y el cuerpo con una navaja y luego trataron de rociarla con gasolina para quemarla viva... También totalmente normal , un chico de 17 años, el mes pasado, cerca de Nantes, llevó a su amiguita de 15 años, Alice, de paseo por un bosque y le hundió un cuchillo en el cuerpo una decena de veces... Muy dispares, estos dos asuntos tienen en común un detalle: los agresores declararon ser adictos de la televisión, de las películas de terror y muy específicamente fanáticos de Scream , un largometrage norteamericano de Wes Craven. El joven de 17 años, justo antes de cometer su crimen, llegó a vestir una capa y una careta idénticas a las que usa el criminal de Scream y declaró haber pasado la noche anterior (sus padres estaban de vacaciones en España) viendo una y otra vez su filme de culto hasta que decidió que «tenía que matar a alguien»... Esta película (en realidad una trilogía: Scream 1, 2 y 3 ), basada en un guión de Kevin Williamson, cuenta la historia de una adolescente en una apacible ciudad, Woodsborough, perseguida por un asesino de serie armado con un descomunal cuchillo y disfrazado con una inmensa capa negra y una extraña máscara blanca inspirada por el célebre óleo de Edvard Munch, El grito ... Muchas películas han sido acusadas de favorecer el paso al acto agresivo y de fomentar la violencia, pero, desde su estreno en 1996, Scream está batiendo el récord de asesinatos cometidos por jóvenes que declaran inspirarse en su intriga. Ya son once los que han confesado haber matado para «hacer como en el filme». Cuatro en Estados Unidos, cuatro en Francia y otros tres en Bélgica, Inglaterra y Australia... Por eso vuelven las polémicas y algunos reclaman ahora la supresión de todas las escenas de violencia en la pequeña pantalla durante las horas de mayor audiencia, y la prohibición definitiva de Scream . Aunque antiguo, el debate ha sido relanzado no sólo por estos abominables crímenes, sino también por un informe publicado recientemente por la revista norteamericana Science que pretende demostrar que la televisión vuelve a los jóvenes más violentos. Realizado por el equipo del profesor Jeffrey Johnson, de la Universidad de Columbia, este estudio es quizá el más completo hecho jamás sobre el tema. Se han analizado los efectos de la televisión en los jóvenes de 707 familias y durante 17 años...Y la conclusión es que «existe de manera indiscutible una relación de causalidad entre la violencia mediática y el comportamiento agresivo de ciertos niños y adolescentes». El profesor Johnson establece una relación entre las controversias habituales sobre este tema (financiadas, dice él, por los grandes grupos mediáticos que tratan de oponerse a la verdad científica ) y las que existieron durante mucho tiempo (pagadas por las empresas tabaqueras) sobre la relación entre cáncer y tabaco. Pero sobre un tema como éste, que mezcla psicología, adolescencia, identidad y televisión (o videojuegos), la ciencia no siempre tiene la última palabra. Y muchos psicoanalistas observan que el problema no es el consumo de imágenes violentas, sino sencillamente el sobreconsumo de televisión de todo tipo... Cuando un adolescente se pasa horas y horas viendo televisión es que algo no va bien, es el síntoma de un grave desarreglo psicólogico que, en algún momento, se puede traducir de manera violenta o criminal. Los especialistas en cultura de masas siguen pensando que las imágenes de violencia tienen una función catártica, evitan el paso al acto. Por violenta que sea, la ficción sustituye a la realidad, y, para la immensa mayoría de los jóvenes, convierte a ésta, afortunadamente, en innecesaria.