APARCO JUNTO a una excavadora. La otra opción era dejarlo entre un Audi TT y un Mercedes deportivo. Es el concierto de Julio, Yulio, Juliño. El público no escucha al cantante. Le adora, adora un modo de vida. Ven en el escenario a Isabel Preysler, al Sinatra latino, a Miranda y los gemelos, a Enrique Iglesias y, de niña a mujer, a Chabeli. Es como de la familia, el rico, el vividor, el que se cuela en nuestras vidas por la puerta de papel cuché de las revistas en las peluquerías. Más de una sabe mejor la biografía de Julio que la de su primo de Cuenca. Julio es lujo, es dormir desnudo con el Chanel número cinco de Marilyn, Julio es alimentarse sólo de Beluga y Möet Chandon como la escritora Isek Dinesen. Julio es la costa azul de Miami. el charol de su moreno, las perlas de Tiffanys de su sonrisa. Con Julio, uno tiene la sensación de que el concierto es en la suite de un hotel de cinco estrellas en vez de un pabellón. Julio por arriba, Manu Chao a ras de tierra, el mundo baila la gaita luminosa de nuestras gargantas. Julio es todo lo que quisimos ser y que nunca ya seremos. Soy un truhán, soy un señor, amo la vida, amo el amor. Muchas firmarían una noche con esa sonrisa de canalla de lujo. Julio es puro sexo tenorio. Con bamboleo, el clímax.