Las oportunidades perdidas

OPINIÓN

18 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

MIENTRAS EL MOLDAVA inundaba Praga, y el Elba se cebaba en Dresde, y el Danubio enlodaba la pulcra Viena, algunos políticos del área mediterránea, que fueron los grandes beneficiarios de las políticas de cohesión, empezaron a preguntarse por los compromisos del déficit, ante el temor de que un fuerte endeudamiento de Alemania y Austria diese al traste con una de las claves del Tratado de Maastricht y de la Unión Monetaria. Y eso, visto por un europeísta convencido, es un grave insulto a la ciudadanía y un puro asco, que nos pone en alerta sobre el nivel de los dirigentes políticos que padecemos en la UE. Es lo mismo que preguntar por el coche cuando se recibe la noticia de un grave accidente, o por los pinos de nuestra finca cuando acaba de estrellarse un avión contraincendios. Porque, si bien es cierto que las bases de Maastricht deben preservarse, y que no se puede desvestir el santo de la disciplina económica y monetaria para vestir el santo de la reconstrucción acelerada, también es verdad que el abordaje del problema no puede hacerse mediante una advertencia de rigor a la Alemania herida, para insinuarle que el Elba es su problema, y para recordarle su desmedida apuesta por la modernización de la antigua República Democrática. Lo correcto sería ejercer de europeos y hacer una apuesta solidaria por la inmediata reconstrucción del amigo devastado. Modificar las políticas de cohesión en la parte necesaria, y pagar entre todos, en la proporción adecuada, los efectos de la riada. Porque, al fin y al cabo, iba a seguir siendo Alemania la principal responsable de la factura, porque apenas se iba a notar el efecto en unos programas que despilfarran en linos quemados y cursitos sindicales y patronales mucho más de lo que exige este proyecto solidario, y porque no sería un mal negocio, especialmente para los pobres, sentar el precedente de lo que podríamos llamar «catástrofes de nivel europeo», que arrojase sobre las anchas espaldas de la UE cualquier riada, terremoto o evento similar que se cebe imprevisiblemente sobre los países de la Unión. Pero esto que comentamos no es más que una muestra de la cutre visión de Europa protagonizada por el nuevo nacionalismo de Estado que nos invade, el mismo que nos impide cerrar la geografía del euro y aprovechar su éxito a nivel mundial, unificar al sistema bursátil, crear una política exterior y de defensa y ponerle un contrapunto racional a la arrogante política americana. Son oportunidades perdidas que vamos a pagar muy caras; aunque también pueden servirnos para aprender lo que se pierde cuando se mira el ombligo y se olvidan los verdaderos cimientos de nuestro bienestar.