TENGO que volver a escribir sobre la carretera (A Laracha, Sanxenxo, A Estrada...), nuestro Vietnam. La cuenta de las imprudencias nunca se termina de pagar. Demasiada gente lo sabe. Si estás bebido, baja del coche. Si te gusta alardear de récord al volante, baja del coche. Por esos cinco minutos que ganas tienes todo que perder. Si adelantas en línea continua, baja del coche. Si te saltas las curvas, baja del coche. Al volante no te matas sólo tú. Matas a los tuyos y a los inocentes que cumplían las normas. Al volante no eres un suicida. Al volante eres un homicida, el peor asesino. Las imprudencias (velocidad excesiva, adelantamiento indebido) han causado estos días una lluvia de sangre en Galicia. Es lamentable. Hay que repetirlo medio millón de veces: precaución y precaución es el secreto. No hay otro. Demasiado llanto, demasiado grito sin voz, ese bebé que se ha quedado sin padres y sin hermano. La carretera es negra, una boca negra que se traga vidas, sombra sobre sombra. Menudo asfalto de muerte. Bájate del coche, por favor, si lo que quieres es morir y matar. No estás en guerra contra nadie.