Sirva este folio como homenaje al rey Vindicar, que tanto y tanto reclamó lo propio y lo ajeno que dejó en el diccionario el verbo reivindicar para nombrar la manía pedichona. Ese coñazo patrio que atiende por Perejil también atiende por Laila y en la prensa no han faltado actitudes de simpatía hacia Marruecos precisamente en escribir Laila y no Perejil. Se hace una normalización toponímica y es posible que con toda la razón, pero también es posible que con poca e incluso con ninguna. Si Laila fuese nombre de filiación camito-bereber, no hay duda de que sería indígena o autóctono , de los orígenes lingüísticos del territorio en cuestión y, por tanto, muy anterior a la primera presencia de gentes y lenguas a las que se debe el Perejil. Esa población norteafricana indígena es la que los autores griegos y latinos llaman Mauri o Mauritani y es la prior in tempore, potior in iure para hacer reclamaciones. Conviene recordar que en Marruecos y Argelia los muchos y muy activos bereberes, de lengua y cultura no árabes, están en desacougo crónico frente al estrato árabe o arabizado dominante. Equiparar moro y árabe es habitual en la incultura general. Supongamos ahora que Laila es un nombre árabe. Las cosas cambian, dicho sea sin antiparras mentales y con un bachillerato decentito. Si Laila es nombre árabe, podríamos rechazarlo por invasor, recién llegado en el siglo VIII no sólo respecto de cómo haya sido el nombre bereber de ese Islote de las Narices, sino también del término que en latín es petrosélinon , ahora es perejil y nombra una planta que, como medicinal y condimento, era ya conocida en el Mediterráneo cuando lo árabe ni imaginaba llegar a donde llegó. Por tanto, abierto el baile de las reivindicaciones, los segundos en la cola, por delante de lo árabe, somos los del Perejil, que ya estábamos a ambos lados del Estrecho cuando la invasión árabe vino a barrer una presencia cultural y lingüística latina con figuras africanas de la talla de San Agustín. Y el barrido de lo latino venía precedido del barrido de lo griego, nada menos que Alejandría. Pero todo mi rollo es agua de borrajas, si Perejil es reciente, el nombre que le dio anteayer el pastor de las cabras que, por cierto, deben estar cabreadas, valga la redundancia, de que las tengamos por referencia de la conducta humana descabellada. Yo no soy reivindicoso, pero, puesto en faena, llamaré Constantinopla y devolveré a los griegos, legítimos herederos de Bizancio, la que hoy es Estanbul y es turca solamente desde los mismos años en que Ceuta fue portuguesa y luego castellana y española. Y, como soy coherente, ya saben cuánto vibro con Gibraltar, que, junto con Pasa la tuna en Santiago , aburrí hasta la náusea en los encinares de Monte La Reina. Pero, si me pongo celta y farruco, me reivindico de una tacada Londres, París, Viena y territorios intermedios. Y si me pongo indoeuropeo y monto a caballo, amanezco en el Pacífico.