EL PEREJIL

BENIGNO PRADO

OPINIÓN

La guerra incruenta de ese islote llamado Perejil en España, y Leila en el vecino Marruecos, revistió la forma de un esperpento valleinclanesco, ya saben, aquello de «Viva el Rey con todos los atributos viriles». Acostumbrados en el subconsciente a tener siempre larvada una guerra de África, no faltaron algunas voces populares, del pueblo y no del Partido Popular, algo aprensivas en medio de tanta guerra parcial en este mundo global, valga la fea redundancia. Aunque la reacción más frecuente fue, como decíamos, esperpéntica, a base de pedir que se echase en el asunto un poco de «lo que nos sobra a los españoles», o de oír cosas como: «eso lo arregla una pareja de la Guardia Civil (mientras duren, supongo) o un grupo de legionarios». Pero, no, los tiempos son otros y los ejércitos profesionales deben hacer alarde de tecnología, cuanto más a la americana, mejor. De ahí esa foto de la bandera hincada en las rocas, con sabor light a Iwo Jima, cuando el insignificante peñasco sólo debería ser coronado por un perejil. ¿Por qué, entonces, rasgarse las vestiduras al conocer que la jira que huele a colonia se terminó por intervención del jefe del protectorado de ambos bandos? redac@lavoz.es