Por una vez el Gobierno español ha estado a la altura de las circunstancias y ha dado la respuesta adecuada a la agresión militar del monarca moro: es preciso aplaudir la decisión tomada, así como felicitar efusivamente a nuestras Fuerzas Armadas por la impecable ejecución de la operación militar. Confiemos en que desde las bases necesarias, pero no suficientes, de la dignidad y la fortaleza se pueda recuperar una mejor relación con Marruecos, porque ese es el deseo de toda persona de buena voluntad. Y se debe saber gestionar bien el éxito, graduando la fuerza que es preciso ejercer para defender lo que es justo. Esperamos que no se pierda ahora en los despachos lo que se ha ganado con decisión y firmeza. Es como si el Gobierno español no terminara de creerse que puede defenderse de las agresiones de un Marruecos acostumbrado a actuar con total impunidad. Así, en las últimas horas vamos hacia atrás como los cangrejos. A diferencia de las últimas declaraciones españolas ofreciendo repartirse el islote, Benaisa va a París a explicarse con impecable coherencia formal: «Para nosotros los marroquíes la cuestión de la soberanía no está sometida a ninguna discusión», tomando la delantera diplomática al Gobierno español. Los mismos supuestos aliados que no nos han ayudado a recuperar el islote de marras se pondrían al servicio del enemigo para que no ganemos esta batalla. Ojalá no tengamos la segunda parte de la Villalobos, de modo que la flamante ministra de Exteriores no nos cuente las inofensivas delicias del famoso caldito con hueso y sin perejil. En todo caso, sería conveniente una reflexión estratégica profunda sobre la posición ¿descompensada? de España en organizaciones internacionales de defensa, que por lo visto no parecen muy útiles para defendernos de nuestra principal amenaza tradicional. Pero la principal debilidad de esta España desvertebrada, algo realmente escandaloso, es que muchos de sus ciudadanos, ni la quieren ni la defienden. Los calendarios fenológicos indican la época del año por la floración o estado vegetativo de las plantas. El Gobierno y la sociedad española tienen su propio calendario fenológico de la dignidad. Es el felonológico : en caso de dudas, sólo hay que hacer lo contrario de lo que dicen nuestros vendepatrias .