SALVADOS LOS PRINCIPIOS

OPINIÓN

17 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Lo digo antes de nada: el Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer. Y lo hizo bien. No hubo un solo herido. Se informó a todas las fuerzas políticas que se pudo. Se comunicó a los aliados. Se escuchó al Parlamento. Hubo una agresión, y se respondió con eficacia y en el momento adecuado: cuando era evidente que no había salida diplomática; cuando Marruecos había dicho que no pensaba retirarse, y cuando empezaba a preparar una campaña de imagen para ganar la opinión pública internacional. Reconocido todo eso, está claro que sólo hemos vivido dos capítulos de la crisis de Perejil: la invasión marroquí y la recuperación por España. La historia más intrigante empieza ahora. ¿Se contentará Marruecos con esa nota donde reclama la soberanía y la devolución del islote? ¿Moverá a su población más fundamentalista para intentar una nueva marcha verde hacia Ceuta y Melilla? ¿Será capaz de alimentar algún instinto bélico? De Mohamed VI, ese monarca aprendiz y visionario, se puede esperar todo. No tiene respaldos internacionales que nos inquieten. Pero necesita un enemigo exterior para conjurar los enemigos interiores. Y, en su relación con España, ha demostrado una osadía sin límites. Tan complejo ciudadano, que realiza una compleja política exterior, puede dar cualquier sorpresa. No queda más remedio que esperar su sacudida de animal herido en su orgullo. Personalmente, dudo que acepte sentarse a hablar en una mesa de conversaciones, como no sea con la garantía de ganar. A nuestro país, nunca unos pedruscos tan estériles como los de Perejil le habían costado tan caros. Pero no se medía el valor material. Estaban en juego los principios, y escribo principios , por si la palabra dignidad fuera excesiva. Y, por cierto, ya sé que éste no es el debate, pero es un buen chascarrillo: si hoy se hiciera un sondeo de la popularidad de José María Aznar, probablemente estaría en su cota más alta. Y es que su brillante palmarés sólo faltaba esta corona: ganar una guerra. Aunque sea la guerra del Perejil.