INDIGESTIÓN

OPINIÓN

17 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Algunos cocineros sostienen que el perejil es un condimento altamente indigesto. Don Álvaro Cunqueiro, a juzgar por sus magistrales páginas sobre gastronomía, tampoco era muy partidario de su consumo. Otros, en cambio, acostumbran a utilizarlo con profusión. Debates culinarios al margen, a los españoles el perejil no nos sienta bien. Nos resulta indigesto. Hace una semana que comenzamos a mascarlo y ya somos conscientes de la dificultad para digerirlo. Resulta pesado y empalagoso. La recuperación del peñasco de Perejil, en una acción que hay que considerar cuando menos de afortunada, no cierra, contra lo que pudiera pensarse, la crisis en nuestras relaciones con Marruecos. Mas bien al contrario. Abre unas posibilidades que se le escapan hasta al más perspicaz analista. Porque la reacción del reyezuelo marroquí, la de su gobierno títere, y la de todo un pueblo, muerto de hambre pero herido en su orgullo, nos colocan en una difícil situación. En la incertidumbre. La imprudencia con la que Mohamed VI, prototipo de pendenciero y patán de barra americana, ha actuado desde su llegada al poder, lleva a pensar que de poco sirven los llamamientos al diálogo, a la prudencia y al entendimiento. El Gobierno español ha actuado con celeridad y con fortuna. No fue necesario colocar una tirita . Y eso se agradece. Pero hay que esperar que se hayan valorado convenientemente los riesgos de una actuación como la de ayer. Porque mientras nosotros hablamos de recuperar el statu quo , de diplomacia y de buena vecindad, la respuesta que recibimos es de desafío, rabia mal contenida, gestos inamistosos, y de acciones insospechadas. Mientras Marruecos hable de «agresión flagrante» y «declaración de guerra», caben pocas esperanzas. Porque en esta ocasión ni tan siquiera sirve adoptar la actitud que tomaba Cunqueiro siguiendo el consejo de Voltaire. «Nunca respondas a un imbécil». Ya es demasiado tarde. Ahora no queda más remedio que digerir el perejil.