BIOTERRORISMO

MANUEL-LUIS CASALDERREY (Catedrático de Física y Química)

OPINIÓN

12 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Bioterrorismo es una consecuencia no buscada de la preparación de los estados para la guerra biológica. El bioterrorismo lo podrían en práctica grupos más o menos autónomos o incontrolados y la guerra biológica se haría entre estados. Tanto en un caso como en el otro, es necesario disponer de un agente que provoque una enfermedad, de los medios adecuados para dispersarlo eficazmente entre la población, para que cause el mayor número de muertos. Entre los agentes susceptibles de uso en bioterrorismo o en guerra biológica, estarían: bacteria del ántrax o carbunco (mortalidad muy elevada), toxina de la bacteria botulínica (elevada), virus de Ébola (muy elevada), virus de Marburg (muy elevada), bacteria del muermo (moderada-elevada), bacteria de la peste (muy elevada), virus de la viruela (elevada-moderada). Por el momento, el bioterrorismo es una amenaza, cuyas acciones pueden crear alarma social, como ha ocurrido con los envíos de esporas de ántrax en USA. La mayoría de los especialistas creen que, aún contando con el apoyo inconfesable de un estado, es muy poco probable que los terroristas dispongan del agente y del medio de dispersión para causar un elevado número de víctimas. Encuentran mayor eficacia para sus acciones en explosivos convencionales o en sustancias químicas tóxicas. Un buen ejemplo es la secta Aum: intentó poner a punto un medio eficaz para pulverizar la toxina botulínica y el carbunco. Lo utilizó en 1990, pero no funcionó. La secta se orientó hacia la fabricación de gases tóxicos, que causaron estragos en el atentado de Tokio de 1995. Para enviar preguntas: que.es@lavoz.es