JUICIOS RÁPIDOS

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

19 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Se atascan los juzgados con asuntos penales menores, que pudieran resolverse de forma mucho más ágil y sencilla. La materia de faltas, los delitos flagrantes y cuantos asuntos no requieran mayor acopio de pruebas deberían ser el ariete que, como primera experiencia, rompiera el muro de las lamentables dilaciones indebidas en los juicios. De paso, se podrían ya ensayar fórmulas para que la multirreincidencia y la dilación procesal no constituyan una coartada que deje impunes comportamientos ilegales. En esta necesaria política de acabar con las dilaciones indebidas hay mucha indebida dilación. El Gobierno hace muchas cosas, demasiadas, por decreto-ley, alegando razones de extrema necesidad y urgencia y anuncia también la agilización de los juicios por despido. Pero en esto parece no tener prisa. Alguien dijo que «para lo que se tiene gusto, se tiene genio». Ni una ni otra cosa abundan gubernamentalmente en esto de los juicios penales rápidos. Mientras, los abogados, que han de soportar día a día, por ejemplo, la promiscua relación de las víctimas o sus familiares con los testigos del caso, retenidos horas y horas, se desgañitan para que se haga ya, eso sí, con las debidas garantías.