Algo grave debe pasar en España cuando el Gobierno se siente obligado a arremeter al mismo tiempo contra el Tribunal Supremo y los obispos vascos. A los primeros les dijo que no hacen justicia ni leen las leyes '¡olé!', y que son tibios con los asesinos. Y a los segundos los acusó de ser inmorales y cobardes ¿¡olé!¿, y de pensar más en los intereses de ETA y Batasuna que en la salvación de las almas. Claro que, antes de eso, el mismo Gobierno se había ocupado de abrir otro frente contra el PNV y las instituciones vascas, poner en cuarentena el nacionalismo de Pujol, y ejercer todas las presiones imaginables para que su proyecto estrella ¿la Ley de Partidos Políticos¿ entrase en la arquitectura dmocrática como un elefante en una cacharrería. Y así caminamos ¿¡montañas nevadas, banderas al viento!¿ hacia una unidad de destino en lo universal, bajo la providente dirección de un líder carismático cuya voluntad se encarna en gente de la talla de Arenas, Bush, Berlusconi y Zapatero. También lo entienden, por lo que se ve, monseñor Escolano, el de las célebres pastorales, y el general Estepa, obispo castrense, cuya misión consiste en bendecir cañones y dar la absolución colectiva a los que matan y mueren por la patria. Y por eso me parece oportuno comparar las actuaciones de Aznar con la de aquel soldado que, relacionando su paso con el de sus camaradas, llegó a creer que todo el regimiento desfilaba con el paso cambiado. ¿Será verdad que el Supremo está lleno de ignorantes, golfos y prevaricadores? ¿Creen ustedes que los obispos de Euskadi son unos locos inmorales que se asocian con ETA para vender más responsos? ¿Le parece que los vascos son una pandilla de idiotas que votan a Ibarretxe para fastidiar? ¿Creen que el general Estepa es el más indicado para enseñarle a los obispos cómo se hace una carta pastoral? Claro que, tanto los obispos como los jueces, debieron evitar la sensación de estar actuando coordinados y en contra del Gobierno. Pero para eso tendría que haber una oposición responsable y un sistema mediático plural, que, en vez de tocar el tambor detrás de Aznar, se dedicasen a denunciar sus cabezonerías y excesos. Porque si el PSOE hace seguidismo del Gobierno en todo lo importante, y patalea con los sindicatos en todo lo accesorio, si Pujol y Coalición Canaria se acongojan y votan con la nariz tapada, y si los comentaristas se tiran a ciegas por el tobogán de la política antiterrorista, nadie podrá evitar la imagen de una oposición reducida a tres jueces locos, tres obispos inmorales y algún politólogo resentido. Ya sé que no es la primera vez que un andacio de estupidez colectiva nos pone al borde del hoyo. Pero es la primera vez que esto sucede en plena madurez y estabilidad democrática, sin más motivo que un recluta que, con carraspeos de aviso, quiere cambiar el paso a todo el regimiento. ¡Y lo está logrando!