Los franceses se las saben todas, y, una vez conocida nuestra intención de convertirlos en la explicación oportuna de por qué no detenemos a Otegi, se han acordado de un papel que tenían guardado en un cajón desde 1984, y lo han detenido en Biriatou, para expulsarlo de Francia. ¿Y por qué lo expulsan? Por haber dirigido una facción político-militar de ETA, y basándose en una orden de la Prefectura, de naturaleza administrativa, cuya infracción puede ser sancionada con un mes de arresto. Así las cosas, la situación de Otegi es la siguiente: está detenido en Francia por una imputación que aquí no tiene eficacia ni le acarrea ningún problema, y no puede ser juzgado aquí porque el delito de apología que le imputamos no tiene valor en Francia. ¡Fastuoso!. Más aún, dada su condición de aforado, como parlamentario vasco, Otegi sólo puede ser detenido en Francia, donde no tienen ninguna intención de juzgarlo, y en cambio no puede ¿o no debería¿ ser detenido aquí, donde algunos están dispuestos a meterlo directamente en la cárcel mientras se nos ocurre una acusación minimamente realista. Y así se va escribiendo una historia que a nosotros nos empieza a traer de cabeza ¿¡cada vez más!¿ mientras a Otegi le reporta fama y votos que no merece. A eso le llamo yo un laberinto jurídico. Y en ese laberinto estamos entrando, bajo la inspiración de Mayor Oreja y Mariano Rajoy, sin que nadie tenga la seguridad de poder salir. Porque, ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Reabrir el sumario del Supremo para ver si la detención nos da pie para un juicio lleno de trampas saduceas? ¿No hacer nada y ponernos en evidencia ante Francia y ante toda la sociedad? Si tuviésemos a Garzón en el asunto, podríamos endilgarle un procesamiento de esos que duran hasta que una Sala de la Audiencia Nacional se toma las cosas en serio. E incluso podríamos arrearle una sentencia de esas que confirma el Supremo hasta que el Constitucional deshace el entuerto. Pero, siendo Otegi un aforado, me temo que nadie se va a atrever a acompañar al Gobierno en el laberinto que tanto le gusta. Y por eso pregunto: ¿cómo le vamos a explicar a la gente que, después de insultar al Supremo e injuriar gravemente a los obispos, el diputado Otegi se vuelva a pasear por Vitoria delante de nuestras narices? ¿Qué vamos a hacer con Otegi cuando agotemos la capacidad de marear la perdiz y nos veamos obligados a ponerlo de nuevo en la calle y pagarle los atrasos?. Lo peor del asunto es que, metidos de lleno en este laberinto sin salida, estamos desviando la atención del problema vasco y de la sangrienta realidad de ETA, sin darnos cuenta de que todos ¿Gobierno, jueces, obispos y medios de comunicación¿ estamos trabajando para Batasuna o los sucesores de Batasuna. Un problema mal planteado no tiene solución. Y si es malo quedarse quietos, peor es aún meterse en el laberinto. Como ahora.