REALIDADES Y GOBIERNOS

OPINIÓN

17 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La gente lo suele preguntar: «Oiga, periodista, ¿por qué son más fiables los datos del paro de la EPA que los datos del Inem?». La razón es sencilla: porque en el Inem sólo figuran los parados que se apuntan, mientras que la EPA recoge a los que buscan empleo. Por ejemplo, los recién licenciados. «¿Y es fiable una encuesta?», te siguen preguntando. Si se piensa que cada estudio EPA se basa en sesenta mil entrevistas, es la más fiable. Piense usted que los sondeos del CIS, la biblia de la opinión pública, sólo entrevistan a doce mil personas. Por eso, las cifras de la EPA son inquietantes. En España se ha empezado a destruir empleo. El crecimiento económico no es suficiente para dar satisfacción a las demandas de trabajo. En Galicia, como ayer destacaba La Voz, el paro ha crecido más que nunca. Y eso hay que situarlo en un entorno donde parecen haber pasado los tiempos de los milagros, sectores enteros hablan de regulación de plantilla, hay empresas que acusan los efectos de sus inversiones en Argentina, y nadie da por cerrada la crisis. Pero lo que esos datos demuestran, sobre todo, es que España no depende de sí misma, sino del ambiente internacional. La construcción y la agricultura, que no necesitan del exterior, no destruyeron empleo. Se destruyó en la industria, que es donde repercuten las dificultades externas. Todo ello tiene una lectura política: tengan cuidado, señores gobernantes, con sus tentaciones propagandísticas. Los cánticos del modelo España va bien se silencian en cuanto llega una ventolera. En tiempos de globalización, ningún país va bien por sí solo, aunque tenga de presidente al Arcángel San Gabriel. Y al llegar las dificultades, la gente, que tiene mucha lógica, se pregunta: si un gobierno controla tanto la inflación, ¿por qué ha dejado de controlarla? O, si es capaz de crear tanto empleo en seis años, ¿por qué permite que se destruya? O algo peor: si fuera cierto, por ejemplo, que la política fiscal de José María Aznar ha estimulado la inversión, ¿por qué no la estimula ahora? Y entonces, la gente pasa de la lógica a la sospecha: alguien le ha estado engañando. O le ha estado vendiendo un peine.