LOS HUESOS DE GERIÓN

CÉSAR ANTONIO MOLINA

OPINIÓN

03 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El culto a las reliquias de los héroes que existió en el mundo grecorromano a través del descubrimiento de fósiles de animales prehistóricos, se traspasó al cristianismo, durante la Edad Media, con la devoción a los restos de mártires y santos. La Iglesia Católica atribuyó los grandes esqueletos a despojos de ángeles caídos, gigantes ahogados en el diluvio o, incluso, a fragmentos de estrellas fugaces. En la antigüedad el Oráculo de Delfos era quien más información aportaba para saber dónde podían desenterrarse estos restos venerados. Así los huesos de Teseo estaban en la isla de Esciros, donde los descubrió el general ateniense Cimón; los de Tisámeno, hijo de Orestes, los recuperó Esparta en Hélice, en el golfo de Corinto; en la ciudad de Argos estaban los de Tántalo; y en la de Tebas los de Edipo junto con los de Héctor traídos desde Troya. Los despojos de los héroes derrotados de esta antigua ciudad del Asia Menor permanecían diseminados por toda la Hélade. Los navegantes decían haber visto los de Aquiles en una cueva del cabo Sigeo, cerca de Reteo, lamidos por las aguas. En Tingis (Tánger) estaban las extremidades del gigante Anteo, fundador de la ciudad. En la isla de Samos, en el templo de Hera, se custodiaban los huesos petrificados de las Níades y otros varios que se calificaban como de seres mitológicos de otros lugares llevados allí por los peregrinos. Ovidio cuenta que contempló en Roma los largos colmillos del mítico jabalí de Calidón (¿un elefante prehistórico?). Se mostraban en el templo de Atenea de Tegea, en Grecia, y fueron robados por Augusto. Este emperador montó en la isla de Capri el primer museo paleontológico. La colección la continuó Tiberio y sus sucesores. El templo de Apolo en Cumas se vanagloriaba de poseer los esbeltos colmillos de jabalí de Erimanto. Virgilio quedaba asombrado de la cantidad de inmensos esqueletos descubiertos por los arados de los campesinos. Los diferentes imperios se dedicaron a saquear los templos robando el prestigio que tenían al estar unidos al pasado heroico y mitológico. En realidad todos buscaban los huesos de Gea, de la Madre Tierra. Algunas de estas calaveras estaban colgadas en los árboles de los bosques sagrados, entrechocándose y produciendo sonidos semejantes a los gritos que debían dar cuando vivos. De entre los huesos más celebrados estuvieron los de Gerión. Olimpia se los disputaba a Témeno, cerca del río Hilo, en la actual Usak (Turquía). Unos y otros, para demostrar la verdad de sus argumentos, hablaban de la cantidad de huesos de bueyes y cuernos que se habían encontrado en los alrededores. Pero Pausanias no estaba de acuerdo con ambas localizaciones y optaba, como otros historiadores antiguos, por fijar la tumba de Gerión en Tartesos. ¿Pero Gerión no estaba enterrado bajo la torre de Hércules en A Coruña?