SEÑAS DE VIGO

La Voz

OPINIÓN

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

23 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Roberto L. Blanco Valdés ha destacado en estas páginas, como nota que caracteriza a Vigo, la baja calidad de sus políticos locales. Vigo no ha estado sobrado de políticos, es cierto. Los más brillantes fueron dos foráneos: José Elduayen, madrileño, y Ángel Urzáiz, andaluz, que sirvieron a la ciudad en el XIX y principios del XX. Después, si queremos rememorar alcaldes inolvidables, nos tenemos que limitar a dos: Luis Suárez Llanos y Rafael J. Portanet Suárez, ambos con el hándicap de que ejercieron en el franquismo. No creo que la sociedad se pueda agazapar tras la masificación que le caracteriza para exculparse de sus errores. Salvo en las dictaduras, Vigo, como cualquier otra ciudad, ha tenido los políticos que ha querido tener, en general gentes sin liderazgo social. El electorado, ni siquiera rectificando, ha llegado a acertar. La política se mide por resultados. Es evidente que las administraciones no han invertido en Vigo todo lo que debían, pero históricamente tampoco la ciudad ha tenido especial interés en acercarse a la Administración, con una autosuficiencia que se compadece poco con la situación actual. Hoy, dos de las más importantes fuentes de producción económica son una multinacional del automóvil, con centros de decisión alejados de Vigo, y la flota congeladora, cuya actividad depende de la actitud de gobiernos extranjeros. De esa autosuficiencia debe estar imbuido el alcalde actual, que en más de dos años solamente ha pisado una vez Madrid para hacer gestiones ante el Gobierno central. Y luego está el cáncer de las comisiones de afectados. No hay obra pública que no encuentre una durísima oposición. Quizá el secreto está en que Vigo necesita un alcalde del estilo de Francisco Vázquez, que colocó en su sitio a los colectivos vecinales, a los que se debe impedir que sean gobiernos paralelos.