ALFONSO DE LA VEGA
21 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La huida de los nueve atletas marroquíes de su concentración en Santiago llamó en su momento la atención de la opinión pública gallega sobre un problema que se ve aún folclórico y lejano en estas tierras del Finisterre europeo. Pero que ya en otras partes de España la gente se va haciendo consciente del verdadero alcance de su carácter tremendo, el más importante que junto al auge nacionalista periférico y su secuela, el terrorismo etarra, tiene para la convivencia pacífica de los españoles. No vendría mal que los partidarios del llamado «multiculturalismo políticamente correcto» se dieran una vuelta al otro lado del Estrecho y contemplaran con sus propios ojos las ventajas de tener una civilización medieval a menos de veinte kilómetros de la nuestra. En efecto, las agitadas aguas del Estrecho son una especie de vórtice o punto de contacto entre espacios enedimensionales y el moderno ferry que las cruza no sólo traslada al pasaje de uno a otro continente, sino entre siglos en el tiempo. La Administración marroquí se preguntaba retóricamente cómo era que habían huido de su paraíso medieval gentes con cierta preparación. La respuesta resulta muy clara para el viajero que osa adentrarse entre la miseria, la suciedad cutre, el caos administrativo o la misoginia y decadencia moral de una civilización, con perdón, sin salida. Los especialistas distinguirán si la culpa es del Islam momificado, o de la opulenta monarquía bananera que tiraniza al pueblo marroquí condenándolo a la indigencia, o si simplemente es de los propios moros que no dan más de sí. Pero sea cual sea la causa, y deseamos que sea la combinación de las dos primeras, no sólo Marruecos, tan lejos en el tiempo pero tan cerca en el espacio, está afectado. Con más del cincuenta por ciento de su población con edades menores de veinte años, el problema va a repercutir pronto de forma dramática en España si no se toman medidas para atajarlo o cuando menos encauzarlo de forma ordenada para los intereses de los ciudadanos españoles.