LIBROS, LENGUAJES Y CABALLEROS

La Voz

OPINIÓN

ALFONSO DE LA VEGA

18 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Cada 23 de abril, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Cervantes, se homenajea al libro como instrumento de difusión de la cultura. España tiene la suerte de contar con un auténtico libro sagrado escrito en su propia lengua. Libro de la categoría moral y espiritual de otros escritos en sánscrito, griego clásico, arameo, o árabe. Libro universal como lo son sus fuentes iniciáticas, estéticas, filosóficas y morales. Libro que para ser conocido en mayor pureza llevó al aprendizaje del español a intelectuales como Schopenhauer o Freud. El Quijote rescata de la decadencia y el ridículo al ideal caballeresco. Lo hace como un libro de alquimia transformando el plomo de los pesados libros de su época en el oro filosófico y sutil que está más allá de las palabras. Como él nos advierte, Cervantes es únicamente el padrastro de don Quijote, porque tras la figura de Cid Hamete Benengeli se revela la antigua tradición iniciática de la Humanidad. La sabiduría de la antigua civilización, transmitida a Occidente a través de los viejos libros arábigos, la cábala o ciertos gremios y recuperada parcialmente en Toledo. Y en este recurso cervantino cabe entender también un homenaje al español, convertido precozmente en lengua literaria gracias a que los traductores de los tesoros conservados por el Islam andalusí desde el árabe al romance son judíos o judíos conversos y, a partir del siglo XII, trataban de mantener su contenido en español, en vez de utilizarlo sólo como instrumento intermedio para su traducción latina. Para ellos la lengua originaria de Castilla, tierra de hombres libres e igualitarios, era preferible al latín, la lengua de la iglesia y la monarquía leonesa. El Cervantes cabalista sabía muy bien que existen diversos significados en los textos sagrados. Que las letras, las palabras y su literalidad no son sino cuerpos necesarios para que el alma se manifieste en este plano. Que las revelaciones más profundas se producen cuando se lleva al mundo de la emoción, conmoviendo al conocimiento dormido en el alma, las ideas codificadas en el texto. Tales son los mecanismos de la poesía, que don Quijote alaba en casa del caballero del verde gabán. Platón decía que los poetas mienten. También lo hace Cervantes, a su manera, para salvar la censura y enseñar al alma a revelarse en el universo del símbolo que siempre es más que el texto en sí mismo, «procurando conocerte a ti mismo... que es el más difícil conocimiento que pueda imaginarse».