CARLOS GARCÍA BAYÓN
16 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Ahora dicen que todo este estercolero que somos, en que vivimos y actuamos, se arreglaría no con más guerras ni mortajas, sino con bendiciones del arzobispo Milingo o discursos de dos o seis horas del beatífico cubano Fidel Castro. Porque las fuerzas del mal son tan poderosas que sólo fórmulas esotéricas llegadas de textos y personajes demiúrgicos podrán vencerlas. Pero temo que pese a tales remedios cada caudillo, sus armas, respetables fanáticos y asesinos seguirán cada cual en su trinchera arrojándose en una intifada inagotable esqueletos y osamentas cual si fuesen los caramelos de una verbena. ¿Cómo es posible tal apocalipsis cuando tanto fisioterapeuta, teólogo, pacifista y romántico está en torno al campo de batalla rezando sin descanso versículos del Cantar de los Cantares ? Me dijeron que toda discordia o belicismo es consecuencia del abuso que hacemos de la mierda. Hace algunos años Ulrich Beck, ignorado sociólogo alemán por aquellas calendas, revolviendo en los basureros de Berlín buscando la Estrella Polar, cayó en la idea de organizar en sistema filosófico tanta mierda como se amontonaba por rúas, ágoras e instituciones. Y halló que nos pasamos la vida creando y hacinando excrementos, hasta que ya nuestra atmósfera vital, nuestro oxígeno es el estiércol, y si nos falta vamos a buscarlo donde lo haya. El libro de Ulrich se titula La sociedad del riesgo . Debía titularse ¿y perdonen el abuso de la palabra¿ la sociedad de la mierda.