PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS
14 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Vivimos en la tribulación que nos dicta el ojo del Gran Hermano. Él elige los temas que nos deben preocupar y cuáles, persistentes y reales, debemos olvidar. Cuesta creer que Bin Laden haya dejado de ser noticia, que a nadie interese en qué oscura cueva se oculta, si es que vive, y por qué Powell et cia siguen manteniendo su mito. Quizá para tener un pretexto para atacar a Irak, por lo del petróleo, ligando el fenómeno al 11-S. De otro lado, ¿se acuerdan ustedes de las pateras que hace meses invadían día a día el Estrecho, sembrando de cadáveres las playas de Algeciras y Tarifa? ¿Han dejado de venir? No. Sin embargo, no sería políticamente correcto hablar de ello ahora, cuando Sharon hace el trabajo sucio y cuando están tensas las relaciones con Marruecos. Lo correcto es hablar del otro Gran Hermano, de Chenoa en lugar de Cheney, del Poli Ejido y el milagro de los invernaderos, de David, el que canta, en lugar de esa estrella de David que, enterrando cadáveres en fosas comunes, y girando y girando, se transforma en esvástica odiosa. Pero no nos debemos preocupar. Alguien vela por lo que hemos de ver y por lo que hemos de ignorar.