XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS A TORRE VIXÍA
24 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Casi perdido en los Alpes Dolomíticos, a muchos kilómetros de los centros de propaganda del PP, me sorprendió la foto de Aznar, gobernando Europa, en la portada del diario La Repubblica. Con pose de enseñarle a Europa lo que vale un peine, el pie de foto remitía a una entrevista con «il premier spagnolo», cuya lectura me costó 1,19 euros (198 pesetas). Debo decir, en todo caso, que la simple publicación de este reportaje me produjo un efecto europeista y balsámico. Y que por eso me detuve a hacer una orgullosa comparación entre mi primera visita a Italia, cuando Milán y Turín estaban llenas de emigrantes españoles, y esta nueva estancia en los Alpes, adonde llegué invitado por la Universidad de Trento, pagando en euros y con un español, que yo conozco, al frente de la Unión Europea y ocupando las portadas de los periódicos. La entrevista, sin embargo, me pareció un fiasco. Primero, porque todos los asuntos de la UE se tratan con una mezcla de obviedad y solemnidad que exaspera, y que reproduce a pies juntillas el tono de político magistral que emplea el presidente en los asuntos internos. Y segundo, porque hace un absurdo canto al liderazgo internacional de Bush, mientras insiste una y otra vez en que Europa, por sí sola, no va a ninguna parte. Menos mal que, en previsión de tanto engolamiento superfluo, el diario La Repubblica optó por eliminar todas las fotografías y sustituirlas por una caricatura en la que se reflejan todos y cada uno de los tics de nuestro presidente, con ese dedo extendido que dice «miren para mí, que estoy hablando»; con esa sonrisa inconclusa que brota de quien se aprueba a sí mismo; y con la pose del líder natural que entra en escena advirtiendo a sus colegas de que «ahora os vais a enterar de como se hace y se gobierna Europa». Para resumir, en cuanto a los aspectos internos: que en estos seis meses de presidencia vamos a dejar arreglado el problema de la estabilidad generado por Alemania y Portugal, que vamos a dejar definida la ampliación de la Unión, que vamos a unificar criterios de política internacional, y que vamos a rediseñar las políticas educativas y de transporte y las nuevas ayudas a la agricultura. ¿Y en política internacional? Más liderazgo para Bush. Más contundencia con los países del mal. Mayor reconocimiento de la dimensión historica de la cruzada contra el terror. Menos escrúpulos frente a la estrategia antiterrorista. Y más conciencia de nuestra debilidad interior. Es como si la Europa del euro, de los trescientos millones de ciudadanos, del bienestar y de la democracia, no tuviese nada que decir, ni para sí, ni para el mundo. Aunque, si juzgamos por la pose, tambien Europa «va bien».