PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS
10 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Leo en un diario que el futbolista céltico Berizzo, que hace días se fracturó un tobillo, ha salido ya de la clínica e iniciará su recuperación. Hasta aquí todo correcto; y me sumo sinceramente a los deseos de que aquélla sea pronta y total. Lo malo es que, al parecer, y según la noticia, el pobre Berizzo «estará ahora con una cédula y la pierna sin poder apoyarla, y tras ese período se le retirará la citada cédula». Ya se ve que no se trata de una errata, pues se repite el término para que no quede lugar a duda. Yo no sé para qué necesitará el bueno de Berizzo una cédula en su maltrecha pierna, ¿para identificarse?, ¿para dar fe de que su lesión es verdadera? No quiero pensar que se trate de una cédula hipotecaria, aunque la economía de los clubes no ande muy boyante. ¿Será una cédula de diligencias para efectuar alguna averiguación sobre la lesión?, ¿será una garantía médica de que va a quedar bien?, ¿o simplemente una cédula de vida, ya que la lesión fue de órdago? Pues no se sabe. Es un misterio comprender cómo la tal cédula, adherida a su tobillo, puede ayudarle a recuperarse de la fractura. Quizá Moralejo nos socorra para desvelar el enigma.