ERNESTO S. POMBO
25 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.No les somos simpáticos. Es evidente. Los gallegos, y sobre todo nuestra Galicia desarrollada y próspera, no gozamos de grandes simpatías más allá de Pedrafita. Ni nuestro carácter, que dicen conformista y sumiso, ni la tenaz y desinteresada labor de nuestros políticos, han servido para transmitir la modernidad y progreso de que disfrutamos. El último informe sobre cohesión económica y social de la Unión Europea asegura que la convergencia de Galicia con la comunidad no sólo se ha estancado sino que ha sido tres puntos inferior a la del conjunto de España. Añade, además, que el PIB gallego cayó tres décimas en 1999 y que, pese a los fondos, la renta se estancó desde 1995. No es un problema de cifras ni de concienzudos estudios. Es, sencillamente, que a los que elaboran esos análisis no les somos simpáticos. Nos tienen ojeriza. No valoran nuestro trabajo ni nuestro esfuerzo por salir adelante. No valoran el gran proyecto de futuro con que cuenta nuestro país. No aprecian las muchas peculiaridades que esta tierra nuestra tiene. Hace sólo unos días tuvimos que recordarles a los redactores del informe de la Caixa sobre la calidad de vida que aquí valoramos sobremanera un buen cocido de Lalín, un vino de Amandi y los atardeceres de Cabo Vilano. Y ahora ha sido el propio Fraga el que los ha dejado boquiabiertos con un argumento definitivo. Hace doce años, Carballo «non era o que é agora». Sentencia sabia y decisiva. Don Julio Camba contaba que uno de sus amigos pretendía consolarse de que no le hubiera tocado el gordo de la lotería el año que le tocó al señor Riera, diciendo que, a pesar de sus quince millones, el señor Riera no podría comprarse nunca otra nariz. Lo mismo nos ocurre a los gallegos. No debe importarnos que los indicadores económicos no nos sean propicios porque Carballo ha mejorado una inmensidad en los últimos doce años. Y además podemos seguir disfrutando del queso de tetilla.