ROBERTO L. BLANCO VALDÉS
15 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.¡Y ya van cuatro! Manuel Fraga tomó posesión ayer, por cuarta vez consecutiva, de la Presidencia de la Xunta. No es una marca despreciable: casi nadie ha conseguido, de hecho, una hazaña similar en todo el período de funcionamiento del Estado de las autonomías. Su primera victoria, la del 89, le dio a Fraga y al PP la mayoría absoluta por los pelos: 38 diputados, con el 45% de los votos. Desde entonces, el impulso electoral de Fraga ha sido irresistible: 43 escaños (con el 52%) en el 93; 42 (con el 52%) en el 97, y 41 (con el 51%) en las de octubre de este año. A este ritmo de descenso -un escaño por legislatura- el PP perdería la absoluta, y con ella, el control de la Xunta de Galicia, en el año ¡2017! ¡Nada más, ni nada menos! ¿Que creen que exagero? Pues véanlo ustedes por sí mismos: 40 escaños en el año 2005, 39 en el año 2009, 38 en el año 2013, y 37, ¡ay!, en ese lejano 2017 ya apuntado. El actual PP habría, así, gobernado ininterrumpidamente la Comunidad Autónoma gallega durante la friolera de casi treinta años. Es de esperar, por el bien del país, por el de la oposición y, si me apuran, por el del propio Partido Popular, que tal catástrofe no llegue a producirse. Será necesario para ello, en todo caso, que los dos partidos de la izquierda empiecen a competir de verdad con la derecha y dejen de competir sólo entre sí, que es lo que, por desgracia, han venido haciendo hasta la fecha. Pues esa es, sin duda alguna, la primera causa explicativa de una evolución electoral que no está escrito en ningún sitio tenga a la fuerza que cambiar: el reparto de los votos entre la izquierda y la derecha apenas ha experimentado variaciones, de modo tal que el avance neto de la suma de socialistas y nacionalistas en el período 1993-2001 ha sido de dos puntos y la caída del PP de sólo un punto. Los cambios han resultado, por contra, muy notables en la esfera de la izquierda, la única donde la competencia se ha dado de verdad. Pero es por el electorado del PP por el que tienen que competir el PSdeG y el BNG si quieren desplazar del poder a ese PP del posfraguismo que ayer mismo ha comenzado su andadura. ¿Cómo conseguirlo? Es fácil: haciendo lo contrario de lo que han hecho el BNG y el PSdeG tras su última derrota. Pues no es atizando el fuego interno en toda su ya conocida virulencia como logrará el PSdeG competir con el PP. Ni reforzando las posiciones políticas e ideológicas más fundamentalistas y sectarias como conseguirá hacerlo el BNG. Por el contrario, una y otra son carreras hacia el desastre que, de no variarse, tienen una más que probable meta: la que está ubicada hacia el kilómetro 2017 de la ruta. Y, entre tanto, los gaiteiros.