IMPULSO FEDERAL

La Voz

OPINIÓN

ANXO GUERREIRO LÍNEA ABIERTA

30 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El PSOE ha decidido imprimir un giro federalista a su modelo de Estado. Completar el proceso de transferencias, garantizar que la legislación básica del Estado no invada las competencias autonómicas, introducir cambios en la representación ante la Unión Europea y sobre todo la reforma del Senado, son las ideas fuerza sobre el modelo que el PSOE se propone someter al veredicto de los ciudadanos en las próximas elecciones del año 2003. Esta propuesta, limitada y prudente, que no hace sino profundizar en el modelo constitucional en el sentido que subyace en su lógica profunda, está destinada, en lo inmediato, a cambiar la dinámica política general. Con frecuencia la vida política española ha estado presidida, demasiadas veces monopolizada, por la confrontación, sin horizontes, entre dos nacionalismos de signo diferente. Empeños Uno, el nacionalismo español, hoy impulsado por el Partido Popular, que haciendo uso indebido de nuestra Carta Magna nos propone una rancia idea de España basada en un nuevo centralismo patrio y la vuelta a viejas concepciones, precisamente las que superamos hace 23 años a través de la vigente Constitución. Otro, más exactamente otros, los nacionalismos periféricos empeñados en una permanente desconfianza, cuando no enfrentamiento con el Estado y siempre renuentes con el proyecto común. En este contexto, la izquierda corría el riesgo de perder su perfil político, viéndose condenada a jugar un papel subalterno alineada con uno de los polos en litigio. Con el impulso federal, la izquierda (también IU ha formulado en algunos aspectos propuestas similares a las del PSOE) puede recuperar la iniciativa y la centralidad política, y sobre todo puede contribuir eficazmente a sustituir los términos de aquella confrontación por un proyecto integrador, en el que todos, incluidos los nacionalistas democráticos, puedan sentirse cómodos comprometidos lealmente con el desarrollo del Estado democrático y corresponsables con el proyecto europeo de la España plural. Pero la tarea no será fácil. Entre otras razones por que la plasmación de algunas de las propuestas del PSOE, caso del Senado, implican una limitada pero importante reforma constitucional que afecta al conjunto del poder legislativo del Estado. Es evidente que nuestros preceptos constitucionales no son las Tablas de la Ley en el Arca de la Santa Alianza. Pero no cabe olvidar que esta Constitución, que simboliza la reconciliación de los españoles, fue elaborada a través de un amplio consenso, rompiendo así con una nefasta tradición en la historia de España, según la cual una parte de la población imponía las reglas del juego a la otra. Así pues, cualquier reforma constitucional debe de contar al menos con el mismo respaldo que dio vida al actual texto. Si fuera posible ampliar ese respaldo, mejor. Esto implica que la izquierda no puede olvidar que, para que su proyecto federal se convierta en realidad y no en mera propuesta electoral, necesita fraguar un nuevo consenso en el que, desde luego, tiene que participar el PP. Y éste no puede atrincherarse en sus posturas y rechazar sin más la propuesta, mucho menos descalificarla, salvo que se niegue a comprender, sucumbiendo a tentaciones electoralistas, que la fortaleza y estabilidad de España depende en gran medida en que se asuma sin reservas el pluralismo que le es inherente.