En un marco de aparente debilidad de la Unión Europea, mientras los analistas se regodean en comparar nuestra falta de cohesión política con el rancio y peligroso patriotismo que rebrota en América, los gobiernos de Inglaterra, Francia y Alemania acaban de sorprendernos con la formulación de dos retos de enorme importancia, que, además de romper la dinámica de crisis generada por los atentados del 11 de septiembre, pueden ayudarnos a establecer la diferencia que existe entre los líderes políticos y los simples pavos reales. El primer paso lo protagonizó Tony Blair, que eligió el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Birmingham para iniciar los solemnes funerales por la libra esterlina. Cuando todos le suponíamos embebido en la guerra de Afganistán, aprovechando la coyuntura para aumentar su liderazgo personal y marcar sus difíciles equilibrios entre los Estados Unidos y Europa, lo que vino a decir el premier británico es que ni Inglaterra ni su moneda tienen futuro al margen de la Unión Europea, y que todos los esfuerzos que se gasten en prolongar nostálgicas grandezas y mantener los viejos símbolos del poder serán como tirar la casa por la ventana y hacer más difícil lo que es inevitable. El segundo de los retos, muy ligado al anterior, lo protagonizaron Jacques Chirac y Gerhard Schröder, que aprovecharon la cumbre bilateral de Nantes para anunciar su audaz y venturosa intención de impulsar una Constitución para la nueva Europa, después de superar sus diferencias y asumir que la integración de Occidente está en el punto de no retorno. Claro que, mientras suceden esas cosas, aquí en España seguimos obsesionados por agradar a George Bush y predicar el peligroso evangelio del Estado fuerte y la salvación militar de la democracia, como si la libertad y el bienestar de los españoles dependiesen de la obtención de una plaza de cabo furriel en la camada de polluelos de halcón que se está incubando al calor de la guerra. Y por eso llevamos nuestro discurso monocorde y ramplón por los distintos escenarios que la coyuntura nos brinda. Todas las inercias que genera la inminente presidencia de la UE están hipotecadas a la lucha contra Batasuna. El viaje a México, en donde Aznar asumió la presidencia de la Internacional Centrista, también se desperdició en un burdo y estéril ataque contra el PNV. Y la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno se malgastó en la enésima condena contra el terrorismo y sus apoyos, que incluye todos los tópicos del problema. Mientras Europa se reinterpreta en Nantes y Birmingham, Aznar prepara los deberes que va a presentar en la Casa Blanca, por los que espera recibir una palmadita televisada.