XERARDO ESTÉVEZ
17 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.En los años 50 se hizo popular un juego de mesa que nos iniciaba en los enigmas del mercado inmobiliario. Las ciudades de hoy en día tienen un poco de aquel juego. Aquellas que ofrecen interés para los negocios, el turismo, la cultura o la administración presentan como indicadores de prestigio y prosperidad el dinamismo de la construcción y el precio del suelo y la vivienda. El mercado inmobiliario es como un mercado de acciones en el que todos operamos, a distintos niveles, lógicamente. Al igual que existen burbujas financieras que crecen y se desinflan, también hay burbujas inmobiliarias, pero éstas se desinflan menos y por eso son tan rentables. Por muy turística que sea España y, por lo tanto, mayor la demanda de vivienda secundaria, somos divergentes del contexto europeo. Esta actividad económica, junto con la obra civil, supone en torno al 9% del Producto Interior Bruto (PIB) de nuestro país, de los más altos de la UE, y ésa no es la mejor manera de generar riqueza pensando en el futuro. Hipotecamos lo mejor de nuestra vida -sobre todo los jóvenes- para adquirir la vivienda, que absorbe el 43% de la renta familiar, muy por encima de los países de la OCDE. Todos queremos acceder a la propiedad, y la administración no muestra interés en promover el régimen de inquilinato; la vivienda de alquiler representa sólo el 16%, lo que nos sitúa en los últimos puestos de Europa. Pero cada día se hace menos vivienda de protección oficial (VPO) porque, entre otras cosas, no tienen interés empresarial; el número de viviendas protegidas sobre el total de la construcción ha pasado del 29,7% en el año 92 al 7,5% en 2000. Una parte de la actividad constructiva se destina a la inversión; la prueba es que proliferan las persianas bajas en algunas áreas de las ciudades, difíciles de equipar y de mantener. Tenemos, según recientes estadísticas, 2,6 millones de pisos desocupados (57 por mil, frente a 39 en Francia, 16 en el Reino Unido, 9 en los Países Bajos) y un déficit de 800.000 viviendas en el mercado de alquiler. Frenesí inmobiliario Nunca ha habido tantas medidas liberalizadoras, ni se ha puesto tanto suelo en circulación, ni se ha construido tanto, ni han estado tan bajos los intereses de las hipotecas, pero el precio del suelo y de la vivienda nunca ha sido tan alto. Con este frenesí inmobiliario es difícil introducir parámetros de calidad de vida, de sostenibilidad, de protección del patrimonio, de innovación tecnológica y de la organización de las viviendas y, lo que es más importante, dar acceso a ellas a los que tienen menos recursos. Éste no es un buen camino, ni siquiera desde una perspectiva neoliberal.