INTERNET

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

09 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La preferencia -justificada- por hablar de la guerra después del hundimiento de las Torres Gemelas ha debilitado el apasionante debate sobre Internet, sin darnos cuenta de que una de las primeras consecuencias de su existencia ha sido que los estados han estructurado su acción en redes de cooperación internacional, superadoras del viejo y soberano estado-nación de la era industrial. Lo ha hecho notar el gurú Manuel Castells. La globalización es tan irreversible que el terrorismo se ha redefinido también en estas nuevas coordenadas, como se ha visto el 11 de septiembre. Y el propio movimiento antiglobalización es más global en la medida en que es más usuario de Internet. Son las paradojas de una nueva era en la que sociedades aparentemente muy distintas van a disponer de un cauce común para expresar sus propias contradicciones, exponer/extender sus conflictos y resolver sus necesidades (también de comunicación). Internet no se come, pero sin Internet no se come en una economía en la que el conocimiento y la información son las fuentes de valor, sostiene Castells. Y tiene razón: Internet es ya la principal fuerza productiva de nuestro tiempo. Con y sin guerra.