¡QUE VIENE EL BNG!

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

07 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Hagamos ejercicio. Imaginemos un trabalenguas que nos permita describir la situación política gallega. ¿Un tigre, dos tigres, tres tigres? No está mal, ya que tres son, en efecto, los que enseñan sus uñas con la intención de repartirse la presa electoral. ¿Del coro al caño, del caño al coro? Pues bueno, también sirve, porque entre el caño de las subvenciones de la Xunta y el coro de las quejas de la oposición parlamentaria llevamos por aquí desde hace años. Hay uno, sin embargo, que va a parecerles clavadito. «El cielo está enladrillado, quien lo desenladrillará, el desenladrillador que lo desenladrille buen desenladrillador será». ¿A que lo ven con nitidez? Obviamente, ¿cómo no? Galicia está enladrillada desde las últimas elecciones autonómicas, cuando la debacle socialista y la consolidación del BNG como fuerza hegemónica en la izquierda puso en manos del PP un cemento casi indestructible para cohesionar su electorado: el de un temidísimo adversario ¡Cuidado con andarse con coñitas, que si perdemos viene el Bloque! Es esa una intimidación que, como todas las que resultan eficaces, parte del conocimiento que del intimidado tiene el intimidador: y es que la posibilidad de que el Bloque pueda gobernar atemoriza, en general, a los votantes populares. De hecho, esta es una actitud de nuestro electorado, que confirman todos los estudios de opinión: el BNG genera gran simpatía entre sus votantes y gran rechazo entre todos los demás: los del PSdeG y los del PP. Lo que no ocurre al PSdeG, cuyo nivel de rechazo, entre populares y nacionalistas, es muchísimo menor. Y ahí está precisamente el quid de la cuestión: a quien teme el PP en estas elecciones no es al Bloque, que no compite de verdad en su franja electoral, sino al PSdeG, que sí lo hace. Pero para impedir que sus votantes se escapen hacia el Partido Socialista los populares no se miden con él en cuerpo a cuerpo, sino que intentan polarizar la campaña entre el PP y el BNG, confiando en que el temor al nacionalismo impida a sus votantes indecisos irse con Touriño. Porque el cielo está enladrillado y Touriño es el único, al día de hoy, que podría desenladrillarlo de verdad.