EDUARDO CHAMORRO
27 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La cantidad de imágenes y de papel dedicadas a lo que está pasando se acumula en proporción inversa a lo que sabemos. Dicho de otro modo: parece que sabemos mucho, pero, en realidad, cada día sabemos menos. George W. Bush ha hablado de «una campaña nunca vista». Sus palabras no pueden ser más ciertas. No hay modo de verla. En Washington, la palabra más oída por cualquier periodista que sepa ganarse el sueldo, es evolving. Todo está evolving. Lo que quiere decir que todo -los criterios, los juicios, las decisiones, lo visto y lo no visto- está sujeto a un proceso de desarrollo, multilateralismo y retroalimentación. Fuera de los hechos básicos, y de los designios más concretos, no hay quien dé nada por sentado. Ni siquiera hay un solo proceso de decisiones. Hay, por lo menos, dos, pues dos son las líneas más importantes del pensamiento americano en la cúpula de su defensa ante la crisis. La impresión, por ahora, es de que gana terreno el modo de ver las cosas planteado por el secretario de Estado, Colin Powell, con el apoyo de la consejera de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice, en el establecimiento de una alianza antiterrorista de carácter diplomático y policial, para la que cuenta con más de ochenta países contactados, una cifra que hay que relacionar con los 197 países o grupos extranjeros que le han confirmado su simpatía, y con las 78 naciones con muertos en el atentado del WTC. Hasta Irán ha mostrado su acuerdo con lo que Powell plantea, y hasta Sudán ha detenido ya a algún que otro terrorista. La misma China se ha comprometido a compartir en ese sentido material clasificado, y Rusia no ha mostrado falta alguna de entusiasmo. Powell está haciendo su trabajo con la eficacia suficiente como para haber contado con el primer ministro británico, Blair, a la hora de afrontar el peliagudo brete de meter algo en cintura a Ariel Sharon, jefe del Gobierno israelí. Pero el Gobierno de Su Majestad ha dejado bien claro que que no tiene intención alguna de intervenir contra Irak. El otro proceso es el contemplado por el vicepresidente Dick Cheney, que también sabe algo de lo que es construir alianzas multinacionales. La diferencia está en que lo que Cheney plantea es una alianza puramente militar, a la antigua usanza -por así decir-, con Irak en el punto de mira. Y no está solo. Cuenta con el apoyo del presidente del Comité de Defensa del Pentágono, Richard Perle y el de algunos de sus miembros: Henry Kissinger, James Schlesinger, Dan Quayle y Newt Gingrich. Colin Powell lleva, por ahora, la voz cantante. Lo que no quiere decir que esté clara su partitura. Lo que está claro es que su liderazgo no tiene plazo concreto de vigencia. Tampoco contamos con información alguna sobre el cruce de decisiones entre una y otra línea de pensamiento. Algo similar sucede con la economía, tan evolving que Paul Samuelson ha declarado que estas son unas circunstancias estupendas para callarse. Y si de lo que piensa el científico pasamos a lo que opina el novelista más o menos especializado, Frederick Forsyth ha resumido lo que es una sensación creciente entre los observadores. Forsyth considera que una de las facetas de esta guerra será «el asesinato de ciertas personas, en secreto, sin ruido, ocasionalmente; al día siguiente, los periódicos informarán de que tal o cual individuo sufrió un ataque al corazón». Es decir, que parece que sabemos, pero sabemos poco y puede que lo sepamos mal. Ante lo que cabe la sospecha de que alguien se dispone a sacarnos de la incertidumbre para meternos en la mentira. Suele pasar.