LAS RÍAS SON GALLEGAS

La Voz

OPINIÓN

ANDRÉS PRECEDO LEDO CRÓNICAS DEL TERRITORIO

01 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Me gusta repetir, como geógrafo que soy, algo muy palmario, pero no siempre valorado. El término ría constituye una denominación de carácter universal que se asigna a un tipo de costa: la costa de rías. Hay rías en otros lugares: la de Bilbao, la de Pasajes, la de Avilés, la de Villaviciosa, y en otras latitudes, la de Aveiro, la de Huelva... y las costas de rías de Bretaña, de Irlanda, de Maryland y otras seguramente que no sé o no recuerdo. Pero las rías por excelencia, el prototipo, la imagen de marca la tiene Galicia. Y eso en el mundo actual, en la oferta turística global, tiene un valor incalculable. Todos los territorios buscan señas de identidad, elementos diferenciadores, referentes emblemáticos. Después, una buena campaña de imagen puede hacer de esas realidades, símbolos identificativos, nombres atractivos, lugares deseados. Y en Galicia lo hemos entendido bien con el Camino de Santiago, con Santiago mismo: son nuestras señas de europeísmo y nuestros lugares de atracción emblemáticos. Y será por eso que ahora todos quieren tener caminos de Santiago. En todo caso, el Camino es un referente universal del turismo cultural. No ocurre así con las rías. Recuerdo, como casi todos hacemos, que ya en nuestras primeras clases de Geografía de España nos decían: la costa gallega es la más recortada del litoral peninsular y en ella se forman las rías. También recuerdo cuando en la incipiente oferta turística de los años 60, muchas agencias de viajes incluían en sus programas las Rías Baixas, y algo después empezaron a aparecer las Rías Altas. Eran años en que se multiplicaban aquellos banales y frívolos intentos de emular las costas de éxito, como la Costa Azul o la Costa Brava, a las que después se añadiría nuestra Costa del Sol (hubo otra en Portugal con ese nombre). Recuerdo aquellos inventos de la costa del marisco o la costa del percebe. Podíamos haber seguido añadiendo crustáceos y moluscos, y así tendríamos un mapa del litoral que más bien parecería la carta de un restaurante. El sentido común se impuso. La nuestra es una costa de rías. Y todo el mundo en España sabe que hay Rías Altas y Rías Baixas. No se suele saber, en cambio, lo que las diferencia. Y diferencias hay que justifican esos nombres. Así como la denominación Rías Baixas se mantiene, se extiende, e incluso se aplica a los vinos del Baixo Miño y a los del Ulla, la denominación Rías Altas se diluye, se difumina, se disgrega. Unas veces es la Costa da Morte, otras el Golfo Ártabro; otra es la Mariña lucense, mientras aún perviven las Mariñas coruñesas, las Mariñas de siempre. Confusión, fragmentación, dispersión. Todo lo contrario del más elemental principio de estrategia promocional. Que no ocurra lo que le pasaba a aquel antiguo compañero de mis primeros estudios de geografía escolar, que hace unos días -tras muchos años- me encontré en la calle. Le pregunté al verlo dónde estaba veraneando, y me contestó, para mi perplejidad, que ya no lo sabía. Antes, cuando empezó a venir a Viveiro, él decía que pasaba el verano en las Rías Altas, en la ría de Viveiro, en Covas; ahora resulta que él estaba en la misma ría, pero los folletos decían que aquello era una mariña, es decir, el nombre geográfico que se da a una plataforma litoral enrasada, como es la Marina de Santander ó la de Asturias. «Pero -seguía mi amigo- yo sigo veraneando en una ría, en una de las más bellas rías gallegas. La rasa empieza en Burela». Dejando aparte la anécdota, creo que es oportuno recalcar la necesidad de mantener nuestras denominaciones propias, aquéllas que definen nuestro país, aquéllas que lo diferencian, aquéllas que -si se cuidan y se promocionan- pueden llegar a ser destinos turísticos codiciados. Y no sólo durante el verano. Las rías, como los fiordos, o las islas, son visitables siempre, aunque algunos momentos del año le sean más propicios. No olvidemos que las rías son gallegas. Y forman parte también de nuestra realidad diferenciadora, propia. Nuestra. Y en verano, más aún.