PEDRO VILLALAR AL DÍA
20 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Entra en la lógica del liberalismo el rechazo al intervencionismo que está en la base de todas las políticas sociales. Podrá no compartirse el excesivo imperio del mercado, pero en él reside el fundamento de nuestro modelo de sociedad. Lo incomprensible es que perviva algún intervencionismo que no sólo elimina la competencia sino que atenta contra el desarrollo social, poniendo trabas al disfrute de derechos esenciales. Es el caso de la actual política de vivienda: los ayuntamientos se financian mediante la especulación del suelo, que resulta artificialmente encarecido, de modo que, por ejemplo en Madrid, la adquisición de una vivienda media requiere el salario íntegro de un trabajador durante 10,2 años. Evidentemente, esta situación tiene consecuencias muy perturbadoras: los jóvenes no pueden emanciparse y las dificultades insuperables que la mayoría encuentra para formar un hogar inciden decisivamente sobre la natalidad. ¿Cómo se entiende que esta situación insostenible no sea el objeto del principal debate político? ¿No ven los partidos que este problema y no otras polémicas estériles es el que preocupa realmente a los ciudadanos?