ANTE LA AVALANCHA, PREVENCIÓN

La Voz

OPINIÓN

DAVID R. VIDAL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN INTAMPEX TRIBUNA

20 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La noticia no está en que haya llegado casi un millar de inmigrantes el pasado fin de semana cruzando el Estrecho. Lo novedoso es que hayan conseguido interceptar a tan alto número, dejando patente que cuantos más guardias se pongan manos a la obra, mejor se podrá dimensionar el problema. El cruce de ilegales por el Estrecho es algo antiguo. Sin embargo, nunca fue un negocio, o al menos tan próspero como lo es ahora. La inversión de varios miles de millones para blindar Ceuta y Melilla hizo que subieran los precios, enriqueciendo a muchos traficantes. A principios de 1996, cuando en las afueras de Madrid aparecieron centenares de prostitutas callejeras, procedentes de países subsaharianos, nadie prestó mucha atención a cómo habían llegado. Ahora, cuando aparecen esas mismas caras a bordo de una patera y el tráfico de seres humanos se ha convertido en imparable, redescubrimos lo que ya llevaba tiempo delante de nuestros ojos. Lo mismo podemos decir de aquellos empresarios que contratan ilegales sin pagar impuestos, con la disculpa de que más vale un trabajo clandestino que ninguno, o de que si tuviesen que cumplir las normas no podrían dar trabajo a esos desafortunados. El Gobierno dice tener la situación controlada. Un acuerdo con Marruecos que data del año 99 asegura que este país va a controlar la emigración ilegal y readmitir a todos los inmigrantes. Como refuerzo, un reciente acuerdo con Nigeria posibilita deportar a sus nacionales. Los convenios son muchos, pero los resultados, pocos. Apenas un centenar de nigerianos han sido deportados, usando medios desproporcionados, sin olvidarnos del jocoso incidente de aquellos jóvenes huidos, en el techo de un autobús. La desesperación lleva al Gobierno a actuar como se hizo en Barcelona: a palos con los insurgentes, haciendo honor al dicho de que la violencia es el último recurso del incompetente. Muchos de los detenidos en el dantesco espectáculo están internados, a espera de su repatriación. Pero ésta, tratándose de África, es un proceso complejo, que si no se concreta en un máximo de 40 días obliga a dejarlo por imposible. Además, los que ayer han cruzado el Estrecho, mañana estarán pidiendo sus papeles en cualquier ciudad. África es extremadamente pobre y, como a todos los pobres, se les niega una inmigración legal. Es inimaginable que un ciudadano de Mali, Níger o Guinea vaya a pedir un visado a la embajada española, entre otras cosas porque en pocos de aquellos países existe. Y aunque exista, el no está servido. Si los inmigrantes quieren entrar en España, impera acudir a las mafias. Ante esta avalancha, la política de inmigración debería incorporar la acción preventiva para regular los flujos migratorios. Las aguas no se pueden detener, pero sí encauzar. En vez de eso, se recurre a medidas de contención, con estrategias de cero visados, verjas y guardias. O a acciones coercitivas, intentando espantar a los inmigrantes que no son bienvenidos a base de golpes policiales. Y para rematar el desaguisado, cuando realmente hay que emplearse a fondo, contra los traficantes, se achican los recursos: el terrorismo y el narcotráfico son temas importantes, pero aquí también hay seres humanos en juego a los que no se puede ignorar.