PROFETAS, MAGOS Y VACAS

La Voz

OPINIÓN

ANTÓN LOSADA

12 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace tiempo que en nuestro hábitat político dominan casi exclusivamente dos especies: los profetas y los magos. El político profeta suele estar en el poder, siempre habla ex cátedra y avisa de las desgracias como si no fueran con él. Su modus operandi consiste en invocar los designios de una instancia superior, casi divina -últimamente se lleva mucho «el mercado»- y administrarnos la extrema unción. No son ni él ni sus políticas quienes nos dejan sin trabajo, ahorros o pensión. Es «el mercado» quien nos expulsa por ineficientes. Para el político profeta su trabajo termina ahí. No se considera responsable de cuánto ocurra. Él ya lo había advertido. Vender ilusión El político mago suele habitar en la oposición, siempre habla como si llevara un megáfono y nos alerta de las falsas profecías del otro. Su modus operandi consiste en pedirnos el voto y pedir que alguien haga algo -normalmente un plan-. Tampoco se considera responsable de nuestra suerte, ni obligado a proponer soluciones. Para el político mago, su tarea es vender ilusión, no políticas. Ya las hará cuando gobierne. Tomemos un ejemplo reciente: la polvareda levantada por Diz Guedes y su condena para la mitad de nuestras explotaciones de ganado. Estamos ante un político profeta. El mal lo causa el mercado, él sólo avisa. Ser conselleiro no le hace sentirse afectado, tampoco a su Gobierno. El mercado exige su sacrificio en vacas y no conviene provocar la ira de los dioses. Si alguien se opone, es por politiquería. Para el político profeta, gobernar consiste en informarnos sobre nuestro destino, no en mejorarlo. Lógica económica Pero la realidad es que este Gobierno no ha hecho su trabajo. Los estudios sobre el sector ganadero gallego llevan décadas advirtiendo de la evidente ineficiencia del pequeño tamaño de las explotaciones: hacen imposible generar economías de escala, no pueden capitalizarse, ni financiar procesos de innovación y mejora productiva y, aunque oferta un buen producto, es poco competitivo. Esos mismos estudios decían también que sólo era una cuestión de tiempo que la lógica económica impusiera su ley. Todo esto se sabía. Pero se prefirió ocultarlo, ignorarlo y subvencionarlo. El mercado no condena a nadie. Lo hacen los actores con las decisiones que no toman. A los pequeños ganaderos los condena la falta de políticas públicas que impulsasen ese proceso de concentración de la propiedad, las cooperativas de gestión y comercialización y la mejora de la competitividad. Miremos ahora a la oposición: claros especímenes de políticos magos. Si para Guedes la culpa es del mercado, para ellos el culpable es Guedes. Todo se arregla agitando una varita mágica en Madrid y, por supuesto, con el conjuro mágico especial: hace falta un plan. Fantástico ¿Cuál? ¿El A o el B? En lugar de una respuesta coherente, un conjunto de acciones orientadas a estructurar un sector que precisa cambios urgentes, se promete más magia, más subvenciones y que todo puede seguir igual. Y no es cierto. Ya nada será como antes. Alguien tiene que decírselo al sector ganadero gallego. Que todos estos años de trabajo no han sido en vano pero que han de concentrar, mejorar y crecer para competir en los mercados donde aspira a ser líder, que también puede convertir el tamaño en una ventaja e invertir para atraer a ese consumidor dispuesto a pagar más si le aseguran calidad y naturalidad en el producto, que no tiene por qué desaparecer, pero sí tiene que cambiar porque su competencia lo ha hecho. Muchas soluciones Es inevitable y tiene costes inevitables, pero también tiene muchas soluciones. Sólo hay que pensar un poco y buscarlas con políticas activas que alivien sus costes y ofrezcan alternativas a quiénes los asuman. Si entre nosotros hubiera políticos vulgares y corrientes, eso estarían diciendo a los ganaderos. Pero sólo tenemos profetas y magos.