ENRIQUE CURIEL CRÓNICAS HUSITAS
08 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Las peores intuiciones sobre el gobierno Sharon se están cumpliendo. El conflicto de Oriente Próximo se convierte, día a día, en un incendio fuera de control estimulado por la guerra sucia puesta en marcha por los dirigentes israelíes con los asesinatos preventivos o selectivos, contra líderes palestinos de diferentes organizaciones. La oficina del Primer Ministro ha hecho pública, oficialmente, una lista con siete nombres de «condenados a muerte». Según el Centro Palestino de Derechos Humanos, Israel ha liquidado a 56 cabecillas de la Intifada, en unas 38 operaciones de sus cuerpos de elite y la Fuerza Aérea desde el 29 de septiembre del pasado año, cuando comenzó el alzamiento palestino. El último atentado fallido fue dirigido contra Marwan Marguti, directo colaborador de Arafat y miembro del Consejo Palestino Legislativo. Muchos observadores coinciden en señalar que la actual estrategia de Sharon está provocando y facilitando la unidad entre todos los grupos de resistencia palestina, imposible hasta hace pocas semanas y que anuncia una violenta reacción. Lejos quedan la Conferencia de Madrid, los Acuerdos de Oslo, los intentos de mediación de Clinton, el Informe Mitchell y los esporádicos acuerdos de tregua. Arafat pide desesperadamente la presencia de observadores internacionales para intentar salvar las negociaciones, pero Sharon se opone y parece decidido a exterminar a los dirigentes palestinos espoleado por los sectores más ultras de los colonos. Israel tiene derecho a su propia seguridad, pero no la conseguirá extendiendo el terrorismo de Estado. Nos acercamos al primer aniversario del comienzo de la Intifada de las Mezquitas, provocada por el propio Sharon tras una calculada visita al monte del Templo, lugar santo para los árabes. Jerusalén, que en hebreo significa Ciudad de la Paz, constituye una parte del conflicto, pero el problema más grave se refiere a los asentamientos israelíes y el derribo de miles de viviendas palestinas. A ello se refería el Informe Mitchell instando a la suspensión de los asentamientos. La cuestión es, una vez más, quién puede frenar esta guerra. Ante el silencio y la impotencia de Europa, ni siquiera EEUU parece merecer el respeto de Sharon. Bush condenó personalmente la estrategia de asesinatos preventivos y Colin Powell exige el retorno a las negociaciones, lo que mereció la burla de Tel Aviv. Nada parece frenar la mano de aquellos que quieren castigar a los palestinos con lo mismos métodos que ellos sufrieron por parte de Hitler. Abba Eban, ex-ministro de Asuntos Exteriores de Israel, declaró en alguna ocasión que en Oriente Próximo las partes sólo comienzan a actuar razonablemente después de haber cometido todos los errores posibles. Veremos.