CRÓNICAS DEL TERRITORIO / Andrés Precedo Ledo
03 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Como si de una cotización de bolsa se tratara, las Rías Bajas -como turísticamente se conocen fuera de Galicia- siguen a la baja. Ya hace ahora un año, en este mismo periódico titulaba así un breve comentario sobre el deterioro ambiental, arquitectónico y paisajístico de las que fueron nuestro emblema turístico. Nuevos indicadores -indirectos y directos- nos hacen pensar que siguen a la baja, porque su deterioro continúa y su cotización, en consecuencia, baja. Y digo esto porque en estos primeros días del estío -un estío por cierto sin estiaje- hojeé algunas publicaciones que presentaban sugerencias sobre recorridos por el litoral español y peninsular. En lo que a Galicia concierne, unas -todas- trataban de la Costa da Morte o del Baixo Miño; otras de las Mariñas coruñesas, del Golfo Ártabro, de la Mariña lucense o del Arco Fistérrico, pero ninguna incluía a las Rías Baixas. Algo insospechable una década atrás. Más recientemente, un informe ecologista -discutible en su rigor- alertaba del contenido en materiales pesados de las tres Rías Baixas por excelencia -Pontevedra, Arousa y Vigo-, aunque también hubiera otros enclaves afectados. Y ayer, un buen amigo mío regresaba de un apetecido y casi ritual recorrido veraniego por las Rías Baixas, y -como parte de guerra- me citaba tres hechos: el primero era el anodino hotel que sustituyó a la antigua fábrica de jabones de La Toja, que más bien parecía un centro de salud o un asilo de ancianos. ¿Concebiría así el termalismo el arquitecto que lo diseñó? Mientras tanto lo que fue isla soñada, cada año que pasa es más una isla perdida. Así me decía él, y así pensamos muchos. El otro hecho referido, como indicador, fue el reciente derribo de los últimos chalés de la playa de Silgar en Sanxenxo, para construir en su lugar un nuevo bloque de viviendas. Lástima -ya hace tiempo que yo no voy por allí- que así fuera; no en vano eran el vestigio de lo que fue un verano de calidad en un entorno de más calidad. Podrían haberse conservado los añejos edificios, aun cuando se construyeran detrás más apartamentos. El tercer tema que mi amigo me comentó se refería a la desafortunada -y ya comentada aquí no hace mucho- intervención en el frente marítimo de Vigo, en el entorno del Club Náutico vigués. Eran tres lugares emblemáticos -A Toxa, Sanxenxo, el Náutico de Vigo- en la memoria de los veraneantes de aquellas Rías Baixas de ayer. Hoy son tres hitos significativos de la pérdida de calidad arquitectónica, urbanística y paisajística de las Rías Baixas de hoy. Y en los tres intervinieron arquitectos, incluso algún afamado arquitecto. ¡Qué difícil le ponen a tantos buenos profesionales de la arquitectura -honestos, comprometidos, rigurosos- mantener el prestigio de su profesión ante tan atrevidos y paniaguados colegas! A estos tres hechos que mi amigo comentaba, yo mismo -como tantos otros- podría añadir muchos más. Pero el asiduo viajero por Galicia tal vez sólo se fijó en los tres lugares que en su memoria constituían el paradigma de un litoral singular, místico incluso. Y el lamentarse no serviría de nada, a no ser que nos lleve a reflexionar sobre las causas de lo que pasó, o acerca de las soluciones correctoras, si las hubiere, que en muchos casos -como en los citados- ya no las hay. No deja de ser doloroso comprobar cómo, habiendo tenido en nuestras manos uno de los fragmentos litorales más bellos del mundo, lo hemos desperdiciado, lo seguimos desperdiciando. Por eso, cada año que pasa, las Rías Baixas siguen baixando. No sé si podremos pararlo ya. Comprendo perfectamente a aquella excelente amiga mía -juiciosa, prudente, sensible- que me decía hace unos meses: «Yo no quiero volver a La Toja porque me pone triste ver cómo destruyeron la isla en la que tantos veranos juveniles pasé». Era un ataque formal al baúl de sus recuerdos, unos recuerdos idealizados por el tiempo pero justificados por la belleza de un lugar que a tantos -con cursilería o sin ella- les parecía paradisíaco. Pero el paraíso, en este injusto mundo global, sigue a la baja. Aquí también.