ERNESTO S. POMBO
30 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Nos aguarda un mes de agosto, cuando menos, entretenido. Fraga, Touriño, Beiras y todos sus cofrades parecen empeñados en amenizarnos las vacaciones con acusaciones, réplicas, desmentidos, declaraciones, mensajes, discursos y hasta algún que otro insulto. La tónica, evidentemente, no va a cambiar. Más bien al contrario. A medida que las temperaturas alcancen valores más altos en los termómetros, es presumible que ellos irán incrementando su agresividad dialéctica. En las últimas semanas hemos asistido ya a encendidos encuentros entre los principales responsables políticos. Con un lenguaje vulgar. Propio de los desaparecidos patios de vecindad. Se han dicho casi de todo. Se han tirado la encuestas a la cara. Se han descalificado. Nos han enseñado su mal humor y hasta alguno, como el caso de Fraga, ha calificado de «sorprendente e impertinente» la pregunta de un periodista sobre su posible sucesor. Y es que ven enemigos por todas partes. Y entre insulto e insulto, siempre hay un hueco para la foto. En otras páginas de esta misma edición aparecen algunos de ellos, sonrientes y satisfechos en el acto inaugural del último tramo de la Autovía del Noroeste. Aunque sea ocho años después de iniciadas las obras. Lo que ninguno nos ha dicho, por el momento, es qué va a pasar con Galicia en el caso de que las urnas les conceda la responsabilidad de gobierno. Ninguno todavía ha presentado un proyecto serio y creíble. Y lo están esperando los pescadores que faenaban en aguas de Marruecos. Los ganaderos que tuvieron que sacrificar sus reses por el mal de las vacas locas. Los jubilados que perciben cantidades inferiores a los de otras comunidades. Los jóvenes con escasas perspectivas de hallar un empleo. Los más de cien mil gallegos que trabajan sin contrato alguno. El medio millón que no disfruta de vacaciones pagadas. Y hasta las viudas que tienen las pensiones más bajas de todo el Estado. Los enfrentamientos dialécticos pueden ser útiles para distraernos cada mañana cuando leamos los periódicos en la playa. Pero la situación de Galicia, que sigue siendo una de las regiones más pobres de la Unión Europea, exige que cesen los ataques dialécticos y las descalificaciones. Exige que se hable de proyecto y de futuro. Que se actúe con responsabilidad. Y que se ofrezca una Galicia posible e ilusionante. Antes de que se harten de estupideces los pescadores, los agricultores, los ganaderos, los jubilados, los jóvenes y las viudas. Y se decidan a hacer justicia.